por: Arturo Yañez Cortes
El Diario de la CAPITAL atraviesa un momento durísimo. Luego de haber enfrentado la pandemia con todos sus efectos destructivos para los medios en general y haberse reinventado convirtiéndose en un grupo multimedia; demandas laborales amenazan su sobrevivencia económica e institucional. Sobre sus ejecutivos pesan mandamientos de apremio porque en este momento sus recursos disponibles no alcanzan para honrar esas obligaciones laborales de ex trabajadores; lo que al final del día, de rematarse su patrimonio que ya está embargado, devendría en la quiebra del medio perdiendose cerca de 50 fuentes laborales directas, muchas más indirectas (canillitas, por ejemplo) y lo que es peor, Sucre, Chuquisaca y Bolivia perderían su valiosa y profesional presencia en los medios.
Tengo el honor de pertenecer a su elenco de columnistas desde hace más de 15 años y soy parte interesada desde ese punto de vista. No obstante, como ciudadano Chuquisaqueño y Abogado devoto de la libre circulación de ideas; aquí ofrezco razones desde el Derecho con una pizquita de sentido común para construir una solución que no sea por el desastre: ¿Podemos acaso darnos el lujo de perder todos esos beneficios: fuentes laborales (directas + indirectas), generación de riqueza + impuestos y el soporte de libre circulación de ideas impresas y audiovisuales que por más de 30 años registra y muestra nuestra realidad hacia el mundo? Obviamente que la respuesta desde cualquier punto de vista es un rotundo NO. Desde la ciencia del Derecho también.
No podría -sus ejecutivos y actuales trabajadores tampoco lo plantean así- y lo dejo claramente establecido, proponer que la salida sea que los demandantes ex trabajadores pierdan sus beneficios sociales. Pero, así como están las cosas (apremios + remate: quiebra) esa la solución por el desastre, pues al final del día, TODOS absolutamente TODOS pierden y perdemos: los ex trabajadores que mataron a la vaca que puede darles leche aunque no sea hoy, los actuales que quedarán cesantes y la ciudadanía que perdera un medio que es referencia de la CAPITAL en el mundo, pasando por impuestos y otras actividades cuyo movimiento genera, en una ciudad que clama por ellos.
El derecho incluyendo el laboral siempre protector para el trabajador no puede renegar de su naturaleza constructiva y destruir todo aquello. Debe ser ductil (Zagrebelsky) y a la vista de esa realidad devastasdora que solo genera desastre, construir una solución desde el derecho contemporáneo abandonando la rigidez del positivismo tradicional y volverse flexible («dúctil») para lograr la convivencia de diferentes valores, principios y derechos fundamentales en una sociedad; sin que un valor destruya a los demás. No sé trata solo aplicar ciegamente aquellas estrictas reglas dictadas por el legislador ordinario, sino subir de nivel hacia principios constitucionales y convencionales (justicia, libertad de opinion y equidad) que requieren en el caso concreto, de urgente interpretación y balance. Y ellos vienen desde la herramienta de la conciliación que constituye precisamente el mecanismo que la ciencia del Derecho nos ofrece para ponderar esos bienes y construir una solución, ante ese tipo de conflictos que pueden generar aún más problemas de los iniciales.
Así el estado contemporáneo del arte de del Derecho, urge construir una solución que si bien no dejará a todos satisfechos inmediatamente, evitará la salida por el desastre dejando a todos perjudicados. No sé trata de perder / perder sino de ganar/ganar.
La Corte IDH tiene establecida su famosa línea del doble estándar: la libertad de expresión es un derecho individual, pero también colectivo. Con la solución por el desastre perdemos todos, sin ganadores a la vista.
Hay que salvar los beneficios de los ex trabajadores, las fuentes laborales de los actuales y nuestro derecho fundamental (individual + colectivo) a la libertad de expresión. La ciudadanía y los jueces tienen la palabra. Eso sí: «“Los Jueces estamos para resolver problemas y bastante es que no los empeoremos” Joaquín GIMENEZ





