DETRAS DE LAS CIFRAS (Prevención del suicidio)

Newspaper WordPress Theme
spot_img

Por: Ruth N. Oblitas Q.
Morir por suicidio es la tercera causa de muerte en adolescentes y jóvenes de 15 a 29 años, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada año se registran cerca de 700.000 fallecimientos en el mundo; es decir, una persona cada 40 segundos.
En Bolivia, las cifras son aún más alarmantes, según los registros del Sistema Nacional de Información en Salud (SNIS-VE) y la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC), La Paz es el departamento con mayor incidencia a nivel nacional, solo en 2024 se reportaron aproximadamente 1.173 casos de lesiones autoinfligidas, sin contar el subregistro en zonas rurales, donde muchas historias se quedan en el silencio de las comunidades.
Ante estas cifras, es inevitable preguntarse qué hay detrás de los números y por qué tantas personas llegan a considerar que quitarse la vida es la única salida. Desde mi perspectiva, dos factores explican este panorama.

El primero es que la salud mental no ocupa un lugar prioritario en Bolivia. Son muy pocos los centros de salud del sistema público que cuentan con profesionales en psicología. En el sector privado o con especialistas independientes, una sesión de 60 minutos cuesta entre 200 y 500 bolivianos, un monto inaccesible para quienes viven al día en medio de la actual crisis económica. De este modo, el derecho a la salud mental se convierte en un privilegio para pocos.

El segundo factor es que morir por suicidio sigue siendo un tema tabú. No se habla abiertamente de sus causas, de cómo prevenirlo ni de cómo acompañar a quienes sufren, y mucho menos de lo que estas personas sienten. Todavía persiste la idea de que quienes intentan quitarse la vida o mueren por esta causa tienen trastornos mentales o son cobardes. Estos estigmas, lejos de ayudar, impiden la búsqueda de apoyo, invisibilizan el problema y obstaculizan el diseño de campañas de prevención efectivas. En lugar de tender puentes, levantamos muros de juicio y silencio.

Como respuesta a esta realidad, en agosto de este año el Ministerio de Salud y Deportes presentó el Primer Plan Plurinacional de Salud Mental 20262030. La iniciativa busca fortalecer el liderazgo y la gobernanza para garantizar presupuestos estatales y coordinación con gobiernos departamentales y municipales; promover la salud mental y la prevención para desmitificar creencias en torno a morir por suicidio; formar y capacitar al personal de salud para brindar atención oportuna en psicología; construir redes integradas de servicios que permitan atender a las personas en cualquier horario; e implementar sistemas de monitoreo que registren datos reales y midan el avance en la atención.

¿Qué es la muerte por suicidio y como prevenirlo?

Desde un enfoque de derechos humanos y según la OMS, morir por suicidio ocurre cuando una persona decide quitarse la vida de forma intencional, generalmente porque experimenta sentimientos profundos de tristeza, dolor emocional y desesperanza. Estos sentimientos suelen ser el resultado de la acumulación de distintas situaciones: experiencias negativas, violencia, problemas personales, sentimentales o familiares, pobreza, crisis económica, entre otros.

Lamentablemente, ese dolor no siempre es evidente; por eso es importante estar atentos a señales de alerta como llanto frecuente, cambios bruscos de ánimo, aislamiento, alteraciones en el sueño o la alimentación, conductas de riesgo, o mensajes y gestos de despedida. Muchas veces, cuando ya no hay palabras para expresar el sufrimiento, esos signos son pedidos de ayuda, intentos de decir me duele mucho o no puedo más.

Recordemos que, quien atraviesa una depresión profunda no siempre llora o se muestra enojado; a veces sonríe y aparenta estar bien, mientras por dentro carga con un dolor que nadie ve. Para esa persona, un abrazo, una palabra amable o simplemente estar a su lado en silencio puede hacerla sentir un poco menos solo/a.

Precisamente porque ese dolor suele ser invisible, nuestras palabras y actitudes pueden marcar la diferencia. Permitamos que la persona se exprese sin sentirse juzgada, hagámosle saber que estamos cerca y que nos importa, y motivémosla, con cariño y sin presión, a buscar ayuda profesional.

Estos gestos no reemplazan la necesidad de políticas públicas urgentes, pero mientras el Plan Plurinacional de Salud Mental 2026-2030 se concreta – y ojalá sea pronto-, podemos ayudar desde lo cotidiano. Hablemos de la prevención no para normalizar el suicidio, sino para comprenderlo, prevenirlo y, sobre todo, para recordar que detrás de cada estadística hay seres humanos que merecen ser escuchados, acompañados, y tratados con dignidad y afecto.

Y para quienes hoy sienten que el dolor es más fuerte que la esperanza, pedir ayuda no es debilidad ni una carga para los demás; es un acto de valentía y es el primer paso para aliviar el sufrimiento y abrir, aunque sea un poco, la posibilidad de encontrar un nuevo motivo para continuar.

Ruth N. Oblitas Q.
Periodista y comunicadora con formación complementaria en educación, derechos humanos, infancia, género y fotografía.
Ha trabajado en la implementación de campañas para promover el respeto a los derechos de la niñez y adolescencia, mujeres y población en situación de calle en Bolivia y otros países.

spot_img
Artículo anterior

Artículos Relacionados

LAS MÁS LEIDAS

spot_img
spot_img