La leyenda del duende continúa siendo una de las historias más conocidas y transmitidas dentro de la tradición oral tarijeña, formando parte de los relatos populares que aún sobreviven en barrios antiguos, comunidades rurales y reuniones familiares.
Durante generaciones, familias de Tarija compartieron historias sobre pequeños seres misteriosos que aparecerían principalmente durante la noche, cerca de ríos, quebradas, árboles antiguos y viviendas tradicionales. Según los relatos populares, los duendes son descritos como hombrecillos pequeños, similares a niños o enanos, que utilizan sombreros grandes y suelen esconderse entre la vegetación o en lugares apartados.
Algunas versiones antiguas señalan incluso que estos seres tendrían una mano de fierro y otra de lana, detalle que se convirtió en una de las características más repetidas dentro de las narraciones chapacas.
Los testimonios recopilados a lo largo de los años relatan supuestas travesuras atribuidas a los duendes, como objetos desaparecidos, alimentos movidos de lugar, ruidos extraños dentro de las viviendas o pequeñas piedras lanzadas en patios y techos durante la noche.
La creencia popular también sostenía que los duendes sentían afinidad por los niños pequeños, especialmente aquellos que no habían sido bautizados. Por esta razón, antiguamente muchas familias colocaban tijeras debajo de las almohadas, cruces o diversos objetos considerados de protección para evitar encuentros sobrenaturales.
En varios barrios tradicionales de Tarija y zonas cercanas al río Guadalquivir surgieron relatos de personas que aseguraban haber visto pequeñas figuras corriendo entre árboles o escuchado silbidos y risas extrañas en horas de la madrugada.
Uno de los episodios más recordados relacionados con esta leyenda ocurrió años atrás en el parque Las Barrancas, cuando apareció una pequeña ciudadela construida en miniatura, hecho que rápidamente despertó rumores y comentarios sobre la presencia de duendes en la ciudad. Aunque posteriormente se conoció que la estructura habría sido realizada por estudiantes, el acontecimiento reforzó aún más el imaginario popular en torno a estos personajes.
Especialistas en tradición oral consideran que estas leyendas forman parte del patrimonio cultural intangible de Tarija, debido a que reflejan costumbres, creencias y formas de transmitir enseñanzas entre generaciones.
Aunque muchas personas consideran estas historias únicamente como supersticiones o cuentos populares, la figura del duende continúa presente en la memoria colectiva tarijeña, manteniéndose viva gracias a las narraciones familiares y al valor cultural de las leyendas tradicionales.





