Autores: Alan Vásquez, Fernando Jiménez, Mariela Cabezas
En el Cementerio General de Tarija, la fosa común Terra Sacra guarda los restos de más de cinco mil personas olvidadas por sus familias. Decenas de visitantes acuden cada semana con flores, velas y coca para pedir favores o agradecer milagros. El sitio, considerado sagrado por algunos y temido por otros, mezcla fe y misterio. Su historia revela tradiciones que persisten pese al paso del tiempo. Terra Sacra es hoy símbolo de devoción, creencias y secretos ocultos.
Ecos de fe y misterio
El sitio luce como una gran estructura de cemento negro. En su centro resalta una cruz blanca, mientras que en un costado aparece la inscripción “Terra Sacra”. El aire, cargado de olores penetrantes, hace sentir la cercanía de la muerte. Una vela negra rodeada de alfileres con el nombre “Mario” provoca inquietud. Flores, colillas de cigarro y hojas de coca evidencian la frecuencia de rituales.
A la izquierda, una tapa suelta deja ver una abertura que conecta con el interior. Bolsas rasgadas, acullico y tabaco viejo sugieren ceremonias pasadas. Un crucifijo oxidado y una bolsa de sal abierta acompañan la escena. Los colores de velas derretidas de colores que contrastan con la sobriedad del lugar. Todo parece dispuesto como un altar improvisado.
Durante la observación, realizada entre la mañana del 19 de julio y la madrugada siguiente, se registró la llegada de 21 personas. Vestían principalmente tonos oscuros y, aunque había adultos y jóvenes, reinaba el silencio. Nadie manipuló restos humanos, pero cada visitante parecía cumplir un rito particular. Los ramos frescos en su mayoría mostraban que la fosa nunca queda sin atención.
Voces que callan más de lo que dicen
Una visitante frecuente, que pidió anonimato, negó haber visto hechos extraños, aunque su nerviosismo la traicionó. Miraba constantemente a su acompañante y mostraba deseos de irse rápido. Aun así, reconoció la presencia de velas, coca y cigarrillos. Finalmente admitió que el lugar puede ser usado para fines “buenos o malos”, reflejando la dualidad del sitio.
El sereno asignado a la fosa se mostró amable al inicio, pero cambió su actitud al responder sobre fenómenos paranormales. Evitó mirar a los entrevistadores, respondió con incoherencias y se incomodó cuando mencionaron al administrador. Ese gesto reforzó la idea de que existen temas delicados que se prefieren evitar.
Carlos Alemán, chamán y espiritista, explicó con seguridad el simbolismo de las ofrendas. Según él, cada color tiene un propósito: negro para fines oscuros o limpias, rojo para el amor, naranja para el trabajo y blanco para la salud. Describió con detalle los rituales, advirtiendo sobre el peligro de manipular mal esas energías.
Ariel Zamora, administrador del Cementerio General, explicó cómo se maneja este espacio destinado a restos sin dolientes. “La llamamos Terra Sacra, una tumba bastante grande de tres metros por dos cincuenta y diez metros de profundidad. Es para las almas olvidadas, cuando las familias dejan de pagar y se acumula la deuda de cinco años”.
Sobre la importancia del lugar, Zamora afirmó: “Nunca le falta una vela, una flor, un rezador y alguien que acompañe ahí… para nosotros es el lugar más sagrado que tenemos dentro del campo santo”. Resaltó que, aunque muchos nichos quedan sin visitas, este sector nunca está vacío de ofrendas ni oraciones, manteniendo vivo el vínculo con quienes ya no tienen familiares presentes.
Entre leyendas y normas oficiales
En una publicación de Axel Ugarte en Instagram, se cuenta que “aquí adentro hay puras calaveras” y que muchos van a pedir favores para el amor, la salud o los estudios. El contenido audiovisual refleja cómo la fe popular transforma este lugar en un puente con los muertos. Las ofrendas no son casualidad, sino parte de un ritual de intercambio.
Recordar que la Ley Municipal Nº 313 establece que, al no pagar impuestos, el municipio puede trasladar restos a la fosa común. Según la norma este proceso busca evitar riesgos para la comunidad y mantener el orden en el cementerio. Su aplicación explica por qué Tierra Sagrada alberga miles de cuerpos, convirtiéndose en un símbolo de memoria y olvido.
El osario común es un lugar donde la fe, y el miedo se mezclan. Ahí, las almas olvidadas nunca están solas, pues siempre hay alguien que reza. El respeto hacia los muertos sigue vivo. La memoria y las creencias populares convierten a este espacio en un símbolo de devoción y misterio. Quizás, más que un sitio de olvido, es un recordatorio de la fragilidad de la vida.
Bajo la cruz blanca del sepulcro oscuro reposan almas sin nombre, rodeadas de gestos callados que desafían el olvido. Cada visita rompe el silencio con un acto de fe que trasciende la muerte. Historias de temor y respeto se entrelazan, revelando un vínculo imposible de romper. Allí, incluso la ausencia se convierte en memoria viva.





