Autores: Carla Villena Martínez, Sharon Barrionuevo, Ludwing Quispe
Desde hace quince años las cebritas, educadoras urbanas voluntarias recorren las calles del centro de Tarija. Su labor consiste en promover el respeto, la educación vial y los valores ciudadanos. Este trabajo se realiza todos los días bajo un cronograma organizado. A través de gestos, bailes y cercanía, buscan generar conciencia en peatones y conductores. Su objetivo principal es construir una convivencia más amable y responsable.
Reconocimiento y presencia de las cebritas en espacios públicos
El recorrido comenzó en una mañana de temperaturas bajas, cuando el viento atravesaba la ropa y el entorno urbano se mantenía sin actividad visible. Se visitaron oficinas municipales y puntos de información turística sin obtener datos verificables sobre la ubicación o los horarios de trabajo de las cebritas. En una de las direcciones, se indicó un lugar equivocado, lo que generó confusión y desvío de la búsqueda. La falta de respuestas convirtió las primeras horas en una búsqueda sin resultados concretos.
Con el avance del día el clima cambió y las prendas gruesas fueron retiradas. Por la tarde en el centro de la ciudad, se observó a dos cebritas realizando sus funciones, estaban ubicadas en las intersecciones de la calle La Madrid y la General Trigo. La forma en que se desplazaban y sus movimientos previamente aprendidos evidenciaban una rutina establecida, comentaron que siguen un cronograma definido por la coordinación en dos turnos (mañana y tarde).
Durante la observación se registró cómo orientaban a peatones y señalaban a los conductores las acciones incorrectas, como invadir el paso peatonal. Las respuestas de los conductores fueron variadas: algunos ajustaron la posición del vehículo y otros se detuvieron por completo. Las cebritas utilizaban señas, desplazamientos y gestos amplios para comunicar sus mensajes, sin recurrir al lenguaje verbal directo, acompañadas de bailes y movimientos continuos.
Más de veinte niños se acercaron durante la jornada, las cebritas mantenían la interacción mediante saludos, gestos e inclinaciones corporales. Vestían sus trajes rayados de cuerpo entero, con una flor en la parte superior del uniforme en el caso de las mujeres y un corbatín en el caso de los hombres. Además, portaban una corona que indicaba la conmemoración de los quince años de funcionamiento del programa en el municipio.
Percepciones internas y ciudadanas sobre el impacto de las cebritas
El objetivo principal de las cebritas en Tarija es lograr un cambio positivo en la población, Mariz Suruguay Gudiño (Coordinadora de las cebritas), dice: “Lograr la reflexión del ciudadano, es decir, las cebritas todos los días salen a la calle, se van a actividades con el propósito y único objetivo de poder hacer que las personas reflexionen respecto a diferentes temas”. Este trabajo está guiado por cinco ejes temáticos: “Educación vial, valores, medio ambiente, cultura de paz y patrimonio cultural”, y se realiza siempre “en base a valores, basándose siempre en el respeto”.
La entrevistada aclara que: “Las cebritas están tratando de educar sin prohibir”, ya que “no son policías”, sino agentes que “juzgan en base al amor y el respeto” y buscan “hacerles reflexionar, pero nunca de llegar a regañar como tal”. Además, estas educadoras siguen una filosofía con diez normas, entre las que se incluyen: “Disfrutar lo que se hace”, “tocar las emociones de las personas”, “ser considerado, amable y muy responsable con todos”, y “aprender a querer a la gente y ser capaz de ponerse en el lugar de los demás”.
Respecto al perfil necesario para ser seleccionada como cebra, Mariz Suruguay Gudiño explica que: “Hay una capacitación de dos semanas y eso se realiza dos veces al año”. Durante esta etapa, los postulantes deben destacar por “conocimientos, en su forma de ser”, y se busca especialmente a quienes tengan “los valores por encima de todo”. En este sentido, afirma que: “Una cebra no puede ser una persona que esté de mal genio todo el tiempo o de mal humor o tenga malos hábitos”.
El ingreso al voluntariado de educadoras urbanas “cebritas” fue, para el entrevistado (cebrita voluntaria), una decisión inspirada por su entorno familiar: “Yo tengo un hermano que formó parte igual de este proyecto y, desde chiquito, yo lo veía ahí”, comenta que esta referencia cercana fue clave para su motivación: “Gracias a su motivación fue que me animé a hacer parte de las cebritas”. Su hermano no solo le dio a conocer el proyecto, sino que se convirtió en su modelo a seguir: “Él fue mi ficha de entrada a este proyecto”.
Además del compromiso ciudadano, el proyecto tuvo un impacto personal transformador. El entrevistado reconoce que: “Ser cebrita para mí significa mucho”, y destaca cómo esta experiencia cambió su forma de relacionarse y expresarse. “Yo recuerdo que, a mis inicios, yo era muy tímido… no era mucho de hablar”, pero con el tiempo, dentro del proyecto, logró desenvolverse: “Me he vuelto más hablador, el proyecto me ha ayudado mucho, en eso”.
María Esther Martínez Paz (peatón) relata con calidez una experiencia reciente que tuvo con una cebrita: “Justo ahora que estoy saliendo del mercado central, una cebrita se me acercó y me saludó con una sonrisa”. Acompañada de sus nietos, destaca que “ellos se emocionan mucho al verlas” y valora especialmente el trato que recibió: “Nos ayudaron a cruzar con amabilidad y paciencia”. Esta interacción, aunque breve, deja una huella positiva: “Siempre que las veo, me detengo un momento a saludarlas porque su forma de tratar a la gente es muy respetuosa y alegre”.
Ver a las cebritas en acción le despierta emociones: “A mí me da alegría verlas, me hacen sentir tranquilidad, porque sé que están cuidando a los peatones, y también enseñan con el ejemplo”. Destaca el impacto que tienen especialmente en los niños: “Mis nietos las miran con admiración”, lo cual le lleva a reflexionar sobre el valor educativo del programa.
Marco normativo
Según las leyes establecidas en el artículo 78 de la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, establece el fortalecimiento de la unidad e identidad, y el respeto a los valores de la plurinacionalidad y los derechos humanos. Esta visión educativa trasciende las aulas y se refleja en la práctica cotidiana de quienes, con sus acciones, promueven la convivencia democrática y el desarrollo social. Así, el aprendizaje y la enseñanza forman parte de un compromiso colectivo que contribuye al bienestar y respeto mutuo en la sociedad, tal y como lo vienen realizando las educadoras urbanas “cebritas”
Según los deberes contemplados en los artículos 108 y 235 de la Constitución, es responsabilidad de todos los bolivianos conocer, cumplir y promover la Constitución y sus leyes, difundir los valores ético-morales y practicar los principios que sostienen la convivencia pacífica. Además, los servidores públicos deben cumplir sus funciones con responsabilidad y rendir cuentas a la sociedad. Este marco legal fortalece la participación activa de las educadoras urbanas “cebritas” y fomenta el respeto hacia los bienes públicos, generando un ambiente de cooperación y compromiso con el bien común.
La labor de las cebritas en Tarija es un ejemplo vivo de educación y respeto en las calles, pero para que su trabajo sea efectivo y sostenible, es imprescindible que se implementen leyes que resguarden y promuevan su labor. Además, se debe garantizar su seguridad con medidas adecuadas, ya que ellas están expuestas diariamente a riesgos en el tráfico urbano. Solo así, con respaldo legal y protección, estas educadoras urbanas podrán continuar transformando la convivencia ciudadana con el compromiso y la pasión que las caracteriza.





