Con dos palabras del epígrafe: decir y hacer se puede afirmar cosas como: “hablar bien es decir algo en pocas palabras o “especular es simplemente decir algo”; en un principio tal idea parecería rara o impertinente, pero puede llegar a no serlo si se toman las debidas precauciones.
En muchas circunstancias de la vida es posible realizar un acto exactamente del mismo tipo, no con palabras escritas o habladas, sino de otra forma: conviniendo internamente que expresar las palabras es, sin la oscilación de la duda, un episodio principal, sino el episodio principal, en la realización del acto (de hablar bien o especular), cuya realización es también la teleología o la finalidad que busca la expresión, empero, dista de ser comúnmente, si lo es alguna vez, la única cosa necesaria para asumir que el acto se ha consumado o llevado a cabo.
Precisamente en situaciones de crisis como la que sufre Bolivia por acción de gestión de ineficientes gobernantes, son asumir la responsabilidad de preservar la economía y la vida de una población, los gobernantes deben exacerbar sus facultades mentales decidiendo medidas oportunas, meditadas y consensuadas con los asesores especializados; pues una mala medida obedecida por el pueblo no podrá ser anulada por el efecto negativo causado.
Lo expresado confirma que no se debe aspirar a ser gobernante cuando no se comprende lo que es y significa ser una autoridad, que conquistar en toda acción el asenso de la población que es la motivación del consentimiento y ese asenso del entendimiento recibe el nombre de fe; el de la voluntad y de la conducta, la obediencia.
Precisamente este último punto es lo que pasa directamente a la intelección o percepción del pueblo que siempre comprobará que esas palabras se transformen en realidades; única forma fiable de controlar a los políticos.
Hasta aquí, las lectoras y lectores pueden inferir que la columna trata de desvelar las endémicas costumbres y actitudes de los políticos, así, en términos generales, siempre es necesario que las circunstancias en que el gobernante utiliza las palabras éstas sean apropiadas, además, como exigencia, es menester que el que habla deba llevar a cabo otras acciones físicas o mentales que corroboren lo que habla y a sus antecedentes tanto políticos como personales.
El pueblo cuando formula objeciones se puede estar seguro que lleva razón pues para llegar a esa conclusión ha considerado las expresiones de realización más intimidatorias tales como el “yo les prometo”, de lo que se concluye que las palabras deben ser dichas con excelsa seriedad pues serán tomadas con la misma seriedad por el pueblo, que es el sujeto de esa o aquellas promesas para obtener la aquiescencia o para agradecer la diligencia en sus responsabilidades inherentes al cargo.
Esta es una acción intelectiva bilateral entre el gobernante y el pueblo y éste siempre extrae una conclusión, temprano o tarde; por ello es menester que no se tome la oratoria política como si estaríamos bromeando o escribiendo un poema; deberá sentirse la inclinación a pensar que la seriedad de la expresión consiste en ella sea formulada, ya por conveniencia seria o por información y como un signo inconfundible y visible de un acto espiritual interno, que exige el cumplimiento de las promesas.
Aquí hay una acción a creer o dar por sentado, que en muchas circunstancias la expresión externa es una descripción, verdadera o falsa, de la realización del acto espiritual interno y no mofarse del pueblo con un ejemplo esclarecedor del cuidado con que se deben examinar las palabras de todos los políticos: en el Hyppolitus, donde el mismo Hyppolitus afirma “mi lengua lo juró, pero no lo juró mi corazón”, que es una metáfora para no nombrar al espíritu.
Dr. Mg. Raúl Pino-Ichazo Terrazas es abogado, posgrados en Filosofía y Ciencia Política Maestría CIDES-UMSA, Interculturalidad y Educación Superior (UMSA) Alta Gerencia para abogados (UCB-HARVARD, Derecho Aeronáutico (Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico, del Espacio y de la Aviación Comercial, Madrid) Arbitraje y Conciliación (Especialidad), doctor honoris causa en HUMANIDADES (IWA-Cambridge Universito, USA).





