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lunes, 28 / noviembre / 2022

BICENTENARIO Y LAS REFLEXIONES NECESARIAS 

por: Max Murillo Mendoza

La principal reflexión histórica es aquella pregunta necesaria: ¿hemos tenido independencia? Los hechos reales, tangibles y comprobables es que sólo hubo continuidad del sistema colonial. Si bien existieron movimientos y cambios de mando, es decir supuestamente libertad, lo cierto es que muchos oportunistas se convirtieron en libertadores ante lo inevitable, como los Olañeta. Es decir, sólo cambiaron de camiseta para recibirles a los libertadores que bajaban desde Venezuela. Así, gran parte de la burocracia colonial se quedaron con el poder del nuevo Estado de Bolivia. Pues las lógicas, las mentalidades y las costumbres coloniales continuaron nomás por otros siglos. 

De hecho, aquellas leyes coloniales como el impuesto indigenal se mantuvieron hasta 1870. Era la riqueza principal para pagar a la burocracia del nuevo Estado. La minería de la plata se recuperará recién a principios precisamente de los años 70 del siglo XIX, para volver a ser importante en la economía de nuestro país. Bolívar y Sucre poco pudieron hacer para cambiar de  mentalidad a los burócratas bolivianos. Éstos sabían muy bien de las trampas y las costumbres coloniales, que al final se salieron con sus gustos y trampas.  

El sistema colonial se romperá por fin el año 1952, cuando la revolución. Pero no cambiará totalmente, sino en los discursos e ideologías de izquierda; sobre todo en favor de las clases altas y medias blancas, por lo que no es nada raro que los principales dirigentes de izquierda sean de clase alta, y de raza blanca. Los pueblos indígenas y pobres en general no se beneficiaron totalmente de esos cambios. Sin embargo, todo esto no se  ha investigado en profundidad. Ojalá que las nuevas generaciones de historiadores se dignen en revisar científicamente esta importante etapa. 

Otras reflexiones necesarias son la participación de los pueblos indígenas, de los más pobres de las ciudades y pueblos de Bolivia. En general, no participaron en los movimientos de la independencia, sino como carne de cañón en distintos bandos. En el bando de la independencia cierto que algunos sectores indígenas sí lo hicieron. Al respecto tenemos el monumental texto: El Tambor Vargas. El Diario del Comandante de la Guerrilla de Ayopaya. Es una joya de nuestra historia, donde vemos como en una película todo lo que sucedió en la guerrilla de Ayopaya, Cochabamba, durante el proceso de la independencia. 

En el papel de la minería tampoco hemos investigado a fondo la entrada del capitalismo a Bolivia, porque utilizó ciertamente el escenario de la minería. Sólo nos hemos quedado con los discursos de aquellas épocas, sin los argumentos necesarios del papel del capitalismo en un país como el nuestro. Sabemos por experiencia que la minería ha contribuido con mucho al erario nacional, en todas las épocas de nuestra historia; aunque las cuentas pendientes como el asunto del capitalismo, no están en nada investigadas sino en el discurso de circunstancia de la guerra fría. 

No somos una isla en el mundo, más allá de las teorías que vienen del norte como la globalización, somos un país como parte de la complejidad mundial. De hecho estamos desde el siglo XVI conectados al mundo, mediante la minería precisamente. O mediante el comercio mundial. Lo que repercute en el mundo nos afecta, como lo que sucede en nuestra patria también repercute hacia fuera.  

En ese sentido sería tonto cerrar los ojos al mundo, donde los cambios son enormes en las ciencias, en las tecnologías, en las maneras de ver lo político y lo ideológico. Hoy se habla ya de las cuartas y quintas revoluciones científicas tecnológicas. Nosotros nos beneficiamos sólo de la esquina de esos cambios revolucionarios. La ciencia y la educación de alta calidad, son exigencias concretas para acceder a esos cambios profundos, como necesidades urgentes para ser un país libre y soberano: el conocimiento puede llevarnos a la libertad total. De esto hay suficientes ejemplos a lo largo del mundo, donde países han entendido que sólo accediendo soberanamente a una educación de alta calidad, se puede caminar hacia una libertad plena. 

No podemos quedarnos en la periferia de la periferia, y contentarnos con los discursos de amargura encubiertos de revolución. Estamos ya bien entrados en el escenario del siglo XXI, donde las circunstancias de los cambios son realmente enormes, y las oportunidades de ser mejores también. Lamentablemente seguimos muchas veces con las mentalidades del siglo XIX, encallados en la periferia de la periferia como si el destino nos hubiera condenado a ser sólo portavoces de los discursos tercermundistas. Cuando nuestras condiciones materiales son enormes, cuando nuestras potencialidades son gigantes; sin embargo,  necesitamos crear y formar esos nuevos recursos humanos, con sueños para el siglo XXI; no con enfermedades del siglo XIX, o con los fracasos del siglo XX.  

 Reflexiones urgentes hacia el bicentenario que está a la vuelta de la esquina. Lugar histórico donde no tenemos que llegar con discursos de hora cívica engañosos y trasnochados. Sino al menos con reflexiones desde nuestra consciencia de bolivianos, de indios, de campesinos, de mineros dispuestos a construir una patria mejor. Y eso será posible cuando tomemos consciencia de los cambios en nuestro entorno, o de las miserias humanas que no nos dejan construir desde nosotros mismos. 

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