Bioparque Urbano de Tarija, una cárcel sin agua para los animales en época de calor

En nuestra visita el pasado domingo al Bioparque Urbano de Tarija pudimos evidenciar un sinfín de falencias, descuidos y carencias dentro de un ambiente bastante olvidado por las autoridades municipales, centro que alberga y protege a varios animales que en algunos casos fueron rescatados de cazadores o planeaban ser comercializados de manera ilegal dentro del departamento.

En el ingreso se cuenta con una boletería para quienes deseen aventurarse a este recorrido con el precio de 3 bolivianos para adultos y 1.50 para niños, en la puerta cuentas con una caja de madera para colocar tu boleto y más allá un dispensador de alcohol en gel el cual una encargada te pide que te puedas desinfectar para ingresar.

Con alrededor de 28 grados centígrados de temperatura, divisamos al majestuoso cóndor andino reposando dentro de una jaula con una cara de agonía debido al intenso calor, la poca sombra con la que cuenta para resguardarse tanto del sol como de las granizadas y lluvias que azotaron la ciudad estos días y sin rastro de un vertedero de agua en el cual este imponente animal pueda hidratarse.

Continuando nuestro recorrido nos sorprende una infraestructura de 2 pisos bastante deteriorada en la cual se albergan unas cotorritas enjauladas que con su trino por lo menos alientan a continuar el recorrido. Dentro de estas instalaciones yace un pequeño jardín en el centro de esta infraestructura que cobija un curioso diseño con una pequeña fuente que al parecer no tiene un grifo del cual pueda verter agua.

Subiendo por las instalaciones de esta infraestructura evidenciamos mamparas rotas y no sabemos a ciencia cierta si estas fueron dañadas por las inclemencias del tiempo o por vagabundos y parroquianos que como denuncia una vendedora de refresco, ingresan por la parte de la cancha con la que colinda este centro turístico y se dedican a robar objetos de valor y destrozar lo que pillan a su paso.

En nuestra búsqueda de encontrarnos con más animales, llegamos a una bajada ripiada (piedras sueltas) un tanto peligrosa para las personas que no cuenten con los zapatos adecuados para dicha aventura, misma que nos conduce a unas curiosas figuras de cemento con formas de tortugas, víboras, cocodrilos, hipopótamos y hasta un mono.

El paisaje también nos brinda una laguna artificial en la cual a pesar de la suciedad y la maleza que presenta alegra la estancia de los turistas que de a poco van realizando el recorrido y comentando como casi más se resbalan en la bajada antes de llegar a este lugar.

Alrededor de esta laguna un sendero nos conduce a ver a los primeros monitos chapoteando en el agua, jugando con los peces y alguno que otro alimento que los turistas les tiran para ver la destreza de los mismos al recogerlos.

Pasamos de esta simpática visita a otro camino en el cual vemos un letrero de “Huerto Bosni” que nos llama la atención, sin embargo, sogas impiden el paso a este lugar, que a vista de todos se ve que se encuentran tiradas algunas maderas y troncos que al parecer a alguien se le olvido ordenar.

Son alrededor de las 13:30 cuando encontramos a nuestro primer felino (jaguar) en pleno almuerzo, unos niños a pesar de querer llamar su atención, no consiguen hacerlo y este continúa dándose un festín con lo dispuestos por el cuidador.

Continuamos recorriendo nuestro paseo y denotamos al igual que en la jaula del majestuoso cóndor, que las jaulas de los jaguares también poseen poca sombra y no se divisa alguna vertiente o recipiente con el cual estos animales puedan hidratarse.

Caminamos otro trecho y nuestro siguiente amigo es un puma bastante somnoliento que descansa en un tubo de concreto, mas allá nos divisa otro felino dentro de lo que parece ser un estanque sin agua y otro tanto por ahí un tercer puma que reposa sobre el suelo árido de esa jaula.

Cruzando al frente de los pumas observamos a otros cóndores y carchanchos que descansan en lo alto de lo que parecen ser cuevas o lugares de pernocte, donde un imponente cóndor de por lo menos 2 metros despliega sus alas para alzar vuelo y dirigirse frente a un árbol donde yacen algunos restos de comida.

Siguiendo el camino de cemento trazado, vemos una canaleta bastante seca y con algunos signos de naturaleza que se va apoderando de la misma y que nos lleva a la casa del Taitetú, el Loro Hablador, la Tortuga Terrestre y los Monos.

Sin dudarlo las risas y las fotos no faltaron al observar a una pareja de papagayos que jugaban trepados en la malla metálica que separa a los visitantes de ellos.

Junto a ellos y dentro de la misma jaula vemos a una familia de tortugas que protegen a su pequeña tortuguita y causa la ternura de todos los que logran divisarla.

Tomando una siesta igual que el puma, vemos al famoso Taitetú que al percatarse de nuestra presencia despierta vigoroso y con ganas de conocer a las personas que se acercan a su jaula sacudiéndose el polvo que escarbo para refrescarse del inclemente sol.

Nos vuelve a llamar la atención otro cartel que nos indica que estamos cerca del Peji, el Zorro y la Corzuela.

Caminamos otro tanto y nos volvemos a encontrar con otros monitos, estos encerrados en jaulas diferentes, al parecer unos malhumorados y otros un tanto más traviesos donde los niños se volvieron locos por las proezas que estos realizaban trepándose de un lado hacia el otro.

Llegamos a la última jaula de nuestra visita y nos sorprende un sinfín de huecos en el suelo de donde podemos ver una curiosa mirada que nos acecha y se acerca a saludar, ¡sí! Un Peji o armadillo como muchos lo conocen sale corriendo de su escondite y va en busca de su amigo luego de pasar por nuestro lado.

Acompañando a los pequeños armadillos  una corzuela nos ignora completamente, ya que al igual que el jaguar, la pillamos en la hora del almuerzo y se dispone a comer lo ofertado por el cuidador.

Son alrededor de las 14:20 y nos detenemos a conversar con una vendedora que nos comenta que va incrementando día a día el número de visitantes dentro del Bioparque.

Otro comprador acalorado con su familia al igual que nosotros declara que también le sorprende que los “bichitos” no tengan “agüita” para tomar e hidratarse, lo que nos hace llamar la atención a las autoridades con la falta de cuidado que se tiene para con estos animales que se encuentran en cautiverio.

También, una mujer con su pequeño reclaman por la falta de basureros en un espacio tan grande, argumentando que tuvieron que llegar hasta un kiosco para poder deshacerse de unas envolturas de golosinas y unas botellas plásticas de agua.

Para finalizar otro dato revelador que se tiene es que para 261.676,49 metros cuadrados o 26,17 hectáreas con las que cuenta el Bioparque, solo se dispone de 2 guarda parques, 5 jardineros y 1 sereno que debe proteger este centro durante la noche.

spot_img

Artículos Relacionados

LAS MÁS LEIDAS