A modo de presentación

Para la mayoría de los chapacos y para muchos otros que conocen o viven en este lugar, Tarija es una ciudad sorprendente y única, un paraíso anclado en el corazón de Sudamérica con una gastronomía propia y diversa donde también destacan los buenos quesos, jamones y por supuesto, los vinos y singanis de altura. Sin embargo, lo que más llama la atención al visitante es la cordialidad y hospitalidad del habitante de este valle, que tiene la bien merecida fama de contar con gente alegre, afable y solidaria.
Y sin duda, su gente es el principal capital de la ciudad de Tarija, pues el concepto de ciudadanía que se caracterizó de manera natural en nuestra urbe, es el que muchos forasteros quisieran tener y copiar para sus propias ciudades. Sin embargo, el acelerado crecimiento de los últimos años y la falta de una adecuada planificación, hacen que aspectos como esos, centrales para una deseable calidad de vida, se vayan, en primer lugar, invisibilizando y luego perdiendo gradualmente, como si la globalización de la pérdida de identidad nos estaría afectando a pasos agigantados. Y es que hablar de ciudadanía e identidad es hablar de conceptos íntimamente ligados y complementarios, con una serie de valores que confieren las principales características intangibles a una ciudad.
No obstante en este artículo nos queremos referir a la ciudadanía, y al ciudadano más específicamente, como el titular de un poder público no limitado y permanente; pues ciudadano, según la definición aristotélica, es aquel que participa de manera estable en el poder de decisión colectiva, en el poder político y, precisamente, esa es la fuerza que se requiere para que Tarija recupere aquellos valores que se han ido perdiendo y afiance aquellos otros con los que aun contamos.
Es en este sentido que la participación activa de la ciudadanía organizada es fundamental para el adecuado desarrollo de una ciudad, donde el accionar de sus habitantes es tan importante como las acciones de las propias autoridades, pues es necesario que el crecimiento de nuestra ciudad sea a partir de su propia identidad y sin perder su nexo con lo rural que hasta ahora ha sido la gran cantera desde donde se vino construyendo el imaginario urbano.

«La participación activa de la ciudadanía organizada es fundamental para el adecuado desarrollo de una ciudad, donde el accionar de sus habitantes es tan importante como las acciones de las propias autoridades»

Es necesario que ese accionar se haga sentir para frenar la intolerancia en las calles, para evitar que cada día nuestra ciudad parezca más sucia y pintarrajeada, para que las autoridades de turno sepan que estamos para ayudarles, pero también que entiendan que lo que buscamos es menos corrupción y más eficacia en solucionar los problemas de los ciudadanos.
Tarija es mucho más que calles, avenidas, edificios y plazas; Tarija es el lugar donde más de 200.000 personas hemos elegido vivir; es por eso que debemos dejar de pensar en proyectos para la ciudad y más bien pensar en la ciudad como un proyecto integral, de ciudad segura, de productividad, de buen vivir y de verdadera construcción y generación de bienes públicos para sus habitantes.
 

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