AUSENCIA DE CRÍTICA O AUTOCRÍTICA EN BOLIVIA

Newspaper WordPress Theme
spot_img

por: Max Murillo Mendoza

No tenemos con toda certeza, intelectuales de talla internacional o de
exportación de ideas. Quizás haya excepciones. No tenemos
instituciones donde se formen o recreen pensadores, investigadores. Es
decir, intelectuales. En cambio, tenemos a montones mediocridad
discursiva, sacerdotal, entre inventos de mitos culturales e iglesias
ideológicas, donde las verdades religiosas son las más importantes.

Las razones son las mismas que se dieron en países donde se prohibió
pensar, reflexionar o liberar ideas en los debates intelectuales.

Bolivia se lució en dictaduras, sean militares o civiles, donde pensar
era prohibido. Por eso la costumbre en las clases medias, de
pertenecer a cualquier gobierno que les de pegas y privilegios. O de
algunos pequeños intelectuales, que se hagan militantes de cualquier
partido de turno y moda. Es decir, de buscar el poder a cualquier
precio a cambio de pensar o reflexionar.

Todos quiénes tienen cierto sentido en el pensamiento crítico, se
hacen feligreses del poder. Y eso mata la raíz misma del pensamiento
crítico, intelectual y ética del pensamiento. Desde lo material se
entiende, pues lo económico no es fácil en un país como Bolivia.

Porque pensar y reflexionar o escribir, requiere también de apoyo
económico. Sin esa condición no es posible realizar intelectualidad.

Esas razones estructurales pueden en parte explicar la ausencia de
intelectuales y pensadores en Bolivia. Aunque las paradojas son
también alucinantes. Pues existen enormes cantidades de universidades,
que no producen pensadores e intelectuales. Las razones las sabemos:
burocracia brutal e inercia de la mediocridad sagrada; pero por
supuesto hay que investigar esos fenómenos.

Por tanto, no podemos exigir algún ápice de crítica a los
acontecimientos y hechos históricos que acontecen en Bolivia. El
desastre del llamado proceso de cambio, no será evaluado en su
dimensión que se exige. Pues, la izquierda no es precisamente crítica
de sus pasos. Todavía peor: no tiene pensadores e intelectuales, sino
militantes sacerdotales que sólo juzgan los hechos entre el “bien y el
mal “de las visiones escatológicas del totalitarismo.

Ese proceso de cambio, que terminó de manera vergonzosa entre peleas
intestinas cavernarias, sectarias, corruptas, sin importar las
consecuencias sociales para todo un país, no será evaluado por esos
actores sino encubierto en todos los sentidos anti intelectuales.

El gran pensador mexicano Octavio Paz, alertó allá por los años 60 y
70, que lamentablemente la izquierda latinoamericana adolecía de
visiones críticas; en cambio, lo normal eran las corrientes
totalitarias, acríticas respecto de la importación de modelos
extranjeros en las ideas y absolutamente ortodoxas, a la hora de leer
nuestras realidades. Características que no cambiaron en estos
tiempos.

Pero también en las llamadas derechas, donde la ausencia de pensadores
de calibre es notable. En el fondo las élites de nuestro país no
tienen estrategas y pensadores, que hagan la diferencia. Vacíos que se
notan a la hora de los ejercicios políticos e institucionales.

La enorme importancia de contar con intelectuales de prestigio
internacional, que sean parte de las discusiones en el ámbito
regional, pues no somos isla, tiene que ver con nuestras posiciones en
todos los temas que se están discutiendo hoy en día. De hecho, ni
siquiera tenemos diplomacia internacional, destruida y desmantelada de
manera ignorante y soberbia; pero destruyendo también nuestra
presencia internacional.

Por supuesto que unas excepciones no hacen la primavera. La falta de
equipos especializados de alto nivel, son desde todos los puntos de
vista una necesidad de mucha urgencia. Los pensadores e intelectuales
son el sello de cualquier país, son los representantes que dicen de
los avances en las ideas, en las ciencias y en los centros de
investigación donde se producen los pensadores. Los intelectuales son
también los valores agregados de un país.

En momentos de enfermedad pragmática, virus de la brutalidad
posmoderna, donde las ideas o el pensar como paradigma ha sido
devaluado, en nombre de los populismos dizque democráticos, debería
ser un llamado de atención a los centros de investigación de las
universidades o institutos de investigación. Requiere de mucho
trabajo, de enormes esfuerzos en la consolidación de centros de
pensamiento, de generación de ideas y de educación de nuevas
generaciones de intelectuales.

La ausencia de debates en Bolivia, que en otros lugares como países
vecinos es normal y cotidiano, responde ciertamente a la ausencia de
pensadores e intelectuales. La bulla de la politiquería ha ocupado ese
lugar de intercambio de ideas. Sean estas de cualquier línea
ideológica; pero que respondan a ideas y propuestas de alto nivel
científico. Que sean luces en medio de bulla y griterío callejero sin
rumbo alguno.

La ausencia de crítica o autocrítica en las ideas, responde nomás al
enorme vacío de pensadores, de intelectuales rigurosos en las lecturas
de nuestra historia; en las propuestas nuevas que necesitamos con
urgencia. La ausencia de crítica intelectual, es directamente
proporcional a la ausencia de pensadores, de creadores de ideas y
propuestas desde nuestras realidades.

spot_img

Artículos Relacionados

LAS MÁS LEIDAS

spot_img
spot_img