EN BUSCA DE LA HISTORIA CRÍTICA

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por: Max Murillo Mendoza

En Bolivia los relatos de todos los lados de la ideología, son abundantes y extremadamente parciales. Resultado de la ausencia de investigaciones serias y rigurosas, todos en general acuden al desahogo de las interpretaciones o las visiones sesgadas. En el caso de la historia o historiografía, muy poco se ha acudido a la historia crítica, en sentido de una mirada profunda de los reales hechos de los acontecimientos, que muchos de ellos son sólo mitos construidos al calor del triunfalismo de una cantina, o al calor de las fuerzas sociales en ascenso sin considerar los temas estructurales.

No digo que no haya avances en la historiografía, me refiero en concreto a este campo de lo crítico, donde los avances son muy pocos, o simplemente se ha abandonado este campo por diversas razones. Pero que influye a la hora de los debates, sean políticos, ideológicos o económicos. Pues sin bases sustentables, es decir, sin materia prima real y documental sólo caemos en la libre especulación al infinito, donde los parlanchines de todos los bandos abundan e incluso triunfan gracias a las redes sociales.

En Bolivia estamos acostumbrados a los mitos. A las construcciones y visiones en momentos triunfalistas, quizás como desahogo al constante desánimo de nuestra historia real, oficial. Varias veces, esas visiones triunfalistas, que poco tienen que ver con la realidad, se han asumido como ciertas, como verdades instituidas que con el tiempo se convierten en dogmas. Y tenemos que recordar cada cierto tiempo, por medio de rezos y cánticos gloriosos, precisamente como verdades absolutas y dogmáticas. Quién piense lo contrario (o critique) es nomás un traidor.

En perspectiva quisiera referirme a la revolución de 1952. Acontecimiento de suma importancia en nuestra historia; acontecimiento que ha merecido la atención de nuestros mejores investigadores e intelectuales en todas las generaciones. Sin embargo; hasta hoy no tenemos realmente las certezas de esos hechos. Porque en la mayoría de los escritos no tenemos las evidencias científicas, para sustentar dichas afirmaciones. En general son construcciones abstractas, sea al calor de las ideologías políticas, como de los momentos subjetivos que percibieron quiénes vivieron esos hechos.

De aquella revolución se ha explotado lo más sublime de los actos del proletariado minero, lo cuál es cierto; pero no están escritos también sus pecados, sus errores que han sido evidentes, sobre todo de sus dirigencias. Errores que varias veces han sido culpables de tragedias y muertes, que pagaron las bases. Nadie ha escrito sobre temas de corrupción de aquella época, en todos los frentes: burocracia, sindicalismo, etc. Sólo la tradición oral ha sido más eficiente que la tradición escrita, para saber en conjunto sobre aquellos hechos. Muchos de esos hechos están enterrados en la memoria de los recuerdos, porque no es conveniente que contamine lo más triunfalista. Que no contamine lo que mejor funciona en la historia oficial.

Nuestras universidades, las del sistema como decimos, están en una profunda crisis institucional, existencial y de identidad. Han perdido el rumbo del destino y desde hace mucho ya no son aportes en nada a nuestro país. Son entes momificados y burocratizados, dedicados a la politiquería y no a la ciencia y la investigación científica. Exigirles, en estos tiempos turbulentos y crisis profunda de la sociedad, es como pedirles peras al olmo. Sus centros de investigación no sirven para nada, sino para dar pegas a los cuates. En fin. 

Quizás todavía haya centros o lugares institucionales en Bolivia, donde pensar e investigar como actos patrióticos, estén vigentes. Ojalá sea así. Sólo la crítica en sentido hereje y creativa, puede aportar a las verdades de los acontecimientos humanos. Sin esas verdades seguiremos nomás siendo víctimas de las “verdades” dogmáticas construidas al calor de las farras circunstanciales ideológicas. Seguiremos nomás repitiendo como rezos de hora cívica antipedagógica, aquellos hechos que ni siquiera han ocurrido.

En momentos de ausencia de certezas, es urgente reconstruir nuestras miradas de la historia, desde los referentes actuales. Referentes que ya han vencido a los miedos de las ideologías del siglo XX, donde los mitos sólo han dejado cementerios de verdades a medias, que han hecho terrible daño al alma de la colectividad, que no han dejado el nacimiento de otros relatos y otros destinos de nuestra Patria.

La historia crítica, en estos tiempos turbulentos y postmodernos, puede ser la diferencia substancial para ver el meollo de los hechos, en sentido de construir nuevos relatos que nos permitan respirar certezas, tan necesarias cuando el barco de los triunfalismos se está hundiendo junto a sus mediocres interpretaciones, de hechos que no han sucedido o han sido descritos por ojos nada objetivos, nada sinceros y críticos. 

Necesitamos nuevos relatos de nuestras historias, con ojos del presente, de las necesidades del presente que son exigentes y requieren certezas, para seguir construyendo Patria, Nación y Estado, donde la justicia social sea resultado de la verdad y la claridad de los hechos históricos.

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