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jueves, 26 / enero / 2023

EDITORIAL: Optimismo inteligente

Hay en ciertos sectores de la sociedad un claro optimismo o sea la propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable, luego de más de dos años complicados que tuvo como la mayor adversidad la pandemia del coronavirus.

El optimismo es un acicate para mejorar todo, pero lo que no cuadra es que, frecuentemente, ese optimismo se aleja de la realidad. El optimista inteligente, en cambio confía en que le van a ocurrir cosas positivas y trabaja para conseguir el éxito, conoce sus limitaciones y es consciente de la realidad, pero prefiere centrarse en sus posibilidades para conseguir lo que se propone.

Para conseguir lo que uno se propone se requiere, sobre todo, de realismo. Lo contrario es ocultar carencias. Si se hace un inventario de calamidades que ha sufrido y sufre nuestro país, se comprende que se requiere identificar problemas, modificar conductas y reconocer debilidades. Una de esas carencias es la fragilidad del sistema de salud, abandonado por más de una década. Es asi que la pandemia del coronavirus, en estas condiciones, se cebo fácilmente en la población.

El optimismo realista no nos muestra caminos fáciles para una pronta solución de la crisis integral que sufre el país. La situación política, si se agrava por las disidencias oficialistas que día a día se suman y la división opositora de siempre, será inmanejable.

La exportación de gas, en menor escala y a precios más bajos, esto según los entendidos, es el producto de la falta de inversiones en el sector de los hidrocarburos para explorar nuevos campos gasíferos que reemplacen a los campos ya agotados. Esto es dramático, si se toma en consideración que nuestro país vive principalmente de sus exportaciones de hidrocarburos y de minerales. Este recorte de los ingresos nacionales, tendrá efectos graves en los ingresos fiscales.

Los ingresos fiscales, también tienen que considerar la expansión incontrolada del Estado que, además, se ha convertido ahora en empresario. Solo se crearon empresas deficitarias e inoperantes. Esto se añade al aumento de gastos de un fisco ya debilitado.

Soluciones fáciles, no las hay. Solo la unidad, la honestidad y el trabajo podrán hacer renacer la esperanza en un futuro promisor. Eso es optimismo inteligente.

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