por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas
La deontología es la disciplina que esclarece los deberes de los profesionales, en el caso de los abogados es una multiplicidad de deberes consigo mismo, con los clientes, los colegas, jueces y con el Colegio que los agrupa.
En muchas facultades de derecho no se imparte esta materia y no está consignada en sus mallas curriculares. No es posible que en las instancias de la formación de los jóvenes estudiantes de derecho no se absuelva y se discuta sobre los deberes deontológicos, lo cual es una imperdonable falencia, pues se les priva de la inclinación a la honestidad, a la probidad y al juramento que pronunciaron en sus respectivos Colegios de Abogados.
La formación del abogado durante su etapa universitaria debe contemplar ineluctablemente la información detallada sobre el significado del secreto profesional y la necesidad ineludible de mantenerlo durante toda la vida profesional; esto último es inherente al deber de informar verazmente al cliente sobre los alcances de sus derechos y responsabilidades. No realizar esta fase académica en las respectivas facultades de derecho conlleva a que el novel profesional acepte cualquier caso sin estar preparado para acometerlo con conocimiento pleno y peor, asegurar resultados.
Existen técnicas para que un abogado honesto pueda inferir si su cliente es culpable o no, para ello aplicar la mayéutica de Sócrates es excepcionalmente útil, y consiste en plantear sucesivamente 30, 40 preguntas o más al cliente sobre su caso y la técnica prescribe no asentir, aprobar ni discutir ninguna respuesta del posible cliente. Después el abogado honesto analizará intelectivamente durante varias horas y hasta días, las respuestas y concluirá en la inocencia o culpabilidad y podrá decidir aceptar y defender su inocencia o aminorar la pena en el caso de un cliente culpable.
Hoy, con la desgarradora competencia, es muy conveniente para apuntar al éxito, especializarse en los temas de mayor impacto en la sociedad, en la economía y transporte, profundizando los conocimientos adquiridos en algunas materias a nivel de posgrado: diplomados, maestrías y los más dedicados doctorados. Antes de iniciar un posgrado debe examinarse el plan analítico de estudios y sus catedráticos, para no acumular una decepción y una no meditada inversión.
Es cierto que un abogado no muy ambicioso no tendría por qué ser necesariamente un jurista o un filósofo del derecho, empero, no se concibe a un abogado sólidamente preparado si no conoce con amplitud los supuestos científicos y filosóficos de la profesión, entonces, la Filosofía del Derecho es la más idónea para desarrollar el espíritu y la moral, y enjundiosa en la ayuda a interpretar las leyes.
*abogado, posgrados en Filosofia y Ciencia Política, Arbitraje y Conciliación, Alta Gerencia para abogados, Derecho Aeronáutico, Interculturalidad y Educación Superior, Docencia en Educación Superior, doctor honoris causa en Humanidades.





