FEMINICIDIOS, AGRESIONES Y AMOR A SÍ MISMO

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por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

El epígrafe se aplica a la estimación de sí mismo,  como  a la voluntad  resultante de ella y la tendencia al propio bien. Es el instinto de auto conservación propia de toda persona que aprecia la vida manifestada por el conocimiento, la voluntad y la interrelación con el prójimo, hoy, por la persistente pandemia, imprescindible.

El amor propio  se vuelve contra todo lo que  a su entender  disminuye  o aniquila  la propia existencia  y demanda o reclama lo que la conserva y fomenta. Con el último párrafo  se descarta  la violencia  que acaba con la vida   y la perniciosa y punible instigación  a aquélla como sucede actualmente con las recurrentes y execrables agresiones que decantan en feminicidios, perdiéndose invaluables vidas.

El amor  ordenado  a  sí mismo  se enraíza  en el instinto de conservación y tiene como fin inmediato  la persona sirviendo mediatamente  a la conservación de la especie; es un deber moral  porque  el fundamento verdadero  y más profundo  de la  autoestima  reside  en  la condición de  ser  imagen de Dios. Esta imagen  que con su gama  de actividades  deben las personas conducirla  a su mayor perfección, es decir,  no quitar la vida  al prójimo, con y sin intencionalidad, aunque piense diferente.

Este amor  es ordenado cuando siguiendo la correspondiente  serie de valores, persigue  los bienes a la esencia de las personas  y, con esa aspiración, no perjudica al prójimo  ni a sus derechos, no los  avasalla  ni los conculca.

El amor  a si mismo ordenado rectamente  no puede  estar jamás  en contradicción  con el verdadero bien de sus semejantes (prójimos) antes, por lo contrario, es necesario para  éste.

Cuando todos  en una población piensan en su perfeccionamiento  esencial, el orden  y el bien de la comunidad  están bien asegurados, siempre y cuando  los que disponen de autoridad  y capacidad para ejercerla  no la utilicen  para fines  propios y egoístas  en detrimento de la población, a  la cual  nunca  osar subestimarla pues acumula criterio y sentido común constantemente.

 Precisamente aquí es cuando el amor a si mismo se torna desordenado  porque  antepone   los  bienes inferiores y subalternos  a los superiores, y reclamándolo todo indebidamente  para sí, sin meditar,  y cuando lesiona  a la población  en su seguridad  y derechos inalienables.

Es la degeneración  por egoísmo del amor propio que, además del incumplimiento  del deber ético del amor a  sí mismo causa daños  en las decisiones y en la vida, ejemplificando: quien por egoísmo  deja  de hacer  esfuerzos  para lograr  su propio desenvolvimiento y perfección, genera caos.

*es abogado corporativo, posgrados en Alta Gerencia para abogados (UCB-Harvard), Ciencias Política y Filosofía (Maestría, Cides-UMSA), Interculturalidad y Educación Superior, Arbitraje y Conciliación Derecho Aeronáutico, doctor en  honoris causa en Humanidades (IWA-Cambridge University, USA).

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