Todos Santos en Tarija, costumbres y tradiciones de las familias

La festividad de Todos Santos se celebra en diferentes puntos del mundo con sus variantes culturales, religiosas y paganas, y que en Tarija se enmarca en la armonía religiosa propia de las culturas originarias como de la religión católica que une a las familias en el rezo, en el recuerdo, pero especialmente en la unión.

El primero de noviembre cientos de personas van a los diferentes cementerios, donde reflotan las anécdotas  que pasaron con su ser querido al que visitan cuando este se encontraba vivo.
Las tradicionales mesas con la comida favorita de los seres queridos fueron puestas hasta ayer en gran parte de las casas de creencia católica.

En Tarija, aunque la preservación de las prácticas culturales vinculadas a esta fiesta es diferente, en el campo y la ciudad, en ambos contextos tiene mayor importancia dentro del calendario festivo.
La celebración de Todos los Santos en el área rural entremezcla elementos de la religión católica con otros propios de la región, que se han transmitido de generación en generación.

“Hacemos lo mismo que hacía nuestra mamá, las mismas preparaciones y seguimos las costumbres”, cuenta  Juan Flores, un folklorista tarijeño.

Juan Flores vive la tradición y realiza todos los preparativos para poner una mesa completa para las almas de los difuntos de su familia.

La historia del territorio tarijeño es un momento de encuentro de grupos humanos y de pueblos diferentes, por ello que en la fiesta de Todos los Santos, se da una clara distinción entre zonas de evangelización antigua y  moderna.

“Las formalidades de la fiesta de difuntos se inician el día anterior, que es Todos los Santos. Se supone que ya están listos los preparativos para recibir a las almas: preparación de bebidas, comidas y representaciones prácticas que dan razones de su vuelta a la vida familiar”, explicó.

El historiador Elías Vacaflor Dorakis, recordó que esta festividad es una tradición católica instituida en honor los santos conocidos y desconocidos, según el papa Urbano IV, para compensar cualquier falta a las fiestas durante el año.

El dos de noviembre es el Día de los Difuntos,  en el que se reza por todas las personas que han fallecido, porque el cristianismo propone una comunión de vida entre muertos y vivos.