El Covid-19 afecta a músculos y articulaciones

El covid-19 compromete principalmente el pulmón, pero no se restringe solo a este órgano, puesto que se ha detectado evidencia del virus en otros tipos de células como las del músculo liso, músculo esquelético e incluso tejido. Por tal motivo, síntomas como fatiga, dolor muscular, artralgia o alteraciones neuromusculares son frecuentes en estos pacientes.

Los problemas más comunes que relatan los pacientes son dolores en los hombros y espalda, aunque pueden afectar a cualquier articulación del cuerpo. Algunos pacientes pueden tener problemas más severos como dificultad para mantenerse de pie, subir escaleras, coger objetos con las manos o levantar los brazos por encima de la cabeza. También algunos pacientes refieren sensación de calambres y hormigueo, así como debilidad en brazos y piernas.

El reumatólogo Marcelo Kramer señala que, en estos meses ha podido apreciar signos en común en pacientes en cuanto a manifestaciones musculo-esqueléticas, más allá del dolor muscular y tendinoso, propio muchas veces del esfuerzo, de la posición. Eso ha determinado que, en lo posterior, se presenten molestias durante un par de meses, tanto musculares como tendinosas.

El galeno comenta que también se ha encontrado con pacientes que, aparentemente, tenían una predisposición genética en cuanto a enfermedad reumática. “Al haber esta famosa cascada interleuquina (enzimas proinflamatorias) se activa una enfermedad todavía no manifestada o que ya se había manifestado, pero estaba controlada. Entonces, estos cuadros han hecho que se exacerben las molestias con inflamación, dolor y limitación del movimiento”, indica.

Kramer dice que estos han sido pacientes que han tenido que recibir, aparte de antiinflamatorios, corticoesteroides o algún tipo de inmunosupresor.

“No existe una regla o un protocolo específico para pacientes poscovid porque algunos eran solamente musculares, otros tendinosos, otros musculo-esquelético o de tendón y articulación, es decir, nos hemos encontrado con un abanico de manifestaciones distintas en cada paciente en cuanto a la intensidad y en cuanto al tiempo de duración”, explica.

Respecto a nuevas afecciones relacionadas, el reumatólogo dice que se han encontrado procesos músculo-tendinosos que el paciente no había acusado antes de la enfermedad. “La mayoría ha presentado problemas en los músculos respiratorios, pero no han sido los únicos, porque también se ha manifestado disminución de la fuerza, incluso hasta desequilibrio e inestabilidad para caminar. No hay una sola línea de manifestación clínica”, añade.

CONTAGIO Y SECUELAS

Según señala el experto, en el caso de los problemas musculares y articulares, la intensidad de la enfermedad es directamente proporcional a la intensidad de las secuelas. “Hay pacientes con casos más complicados que han tenido por mayor tiempo la afección músculo-esquelética. A mayor intensidad más síntomas posteriores”, dice Kramer.

El tiempo de internación también ha influido, debido a las posiciones especiales que adquiere el paciente en la cama e incluso por pacientes que han necesitado solo respirador o que han estado intubados. Eso marca la diferencia.

Un estudio de la Universidad Tecnológica de Pereira (Colombia) señala que un 62,5% de los pacientes hospitalizados por covid-19 persiste con algún síntoma más allá de 50 días desde el alta hospitalaria.

La valoración y el seguimiento de los pacientes que persisten con síntomas músculo-articulares pos covid-19 y que se beneficiarían de terapia de rehabilitación física constituyen un gran desafío clínico. El dolor muscular y la fatiga se reportan como síntomas iniciales de la infección en un 19% y 32% de los casos, respectivamente, haciéndolos un motivo frecuente de consulta en todos los niveles de atención médica y planteando así la posibilidad de covid-19 como diagnóstico diferencial.

El estudio también indica que es necesario considerar otros síntomas neuromusculares asociados a la reacción sistémica causada por el virus y que pueden evolucionar a cuadros graves como el síndrome de Guillain-Barré, en el que los pacientes cursan con síntomas de entre 5 y 51 días posteriores a la aparición de los síntomas del covid-19, con aparición de signos y síntomas neurológicos como debilidad muscular, arreflexia osteotendinosa y prolongación de latencias motoras distales, entre otros.

En estos pacientes, tanto el covid-19, como la situación general de confinamiento, aislamiento social, falta de ejercicio físico, etcétera, han provocado en muchos casos un empeoramiento de estos síntomas y una percepción muy negativa de esta situación.

EL FUTURO

¿Qué se puede esperar de una enfermedad que es nueva y de la que se siguen descubriendo nuevas características tanto del virus como de las consecuencias en los infectados?

Es de suma importancia seguir implementando medidas que contengan la tasa de contagios en aras de disminuir el impacto hospitalario. Entendiendo que toda intervención que disminuya el número de casos de infección reduce el número de pacientes que, entre muchas otras manifestaciones, pueden presentar síntomas musculares y articulares. Dentro de estas normas, se destacan el adecuado y frecuente lavado de manos, la higiene al estornudar y toser, no tener contacto con la cara y mucosas, evitar lugares y transporte público concurridos, mantener una adecuada distancia social y el uso de mascarilla quirúrgica.

La vacuna, en ese sentido, ha sido importantísima en cuanto a disminuir el impacto de la gravedad en los pacientes y su recuperación”, agrega Marcelo Kramer.

Es necesario fortalecer los protocolos clínicos y actualizar las guías de práctica clínica para que todos los profesionales de salud implicados en procesos de atención puedan hacer un enfoque adecuado de los pacientes con covid-19.

“Normalmente, uno va aprendiendo en estos casos y en este trabajo uno tiene que saber que hay ensayo-éxito y ensayo-fracaso. Tendrán que pasar un par de años para tener un protocolo más fidedigno en cuanto a qué podemos esperar en cada paciente que tuvo el virus. Por ahora sería solo especular con la poca experiencia que tenemos. No existe una directriz única y concluyente”, finaliza el reumatólogo.

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