EL EMPEÑO DE OFRECER

Como nunca, hay muchos políticos que dicen defender la democracia y resguardar los derechos humanos y las libertades democráticas. Es conocido que hay gobiernos que representan fielmente a su pueblo, mientras otros ignoran su deber. Es que hay demasiados espacios políticos —muchos falaces— que se presentan como expresión de la voluntad popular. No se tiene en cuenta que las mayorías cambian, en ciertos casos con alguna frecuencia y por diversos motivos. Esto sucede cuando se engaña a los ciudadanos con promesas imposibles de cumplir, como la del dictador cubano Fidel Castro, que afirmaba que en pocos años Cuba superaría a EEUU en progreso y bienestar. Con igual actitud demagógica, el expresidente Evo Morales afirmaba que Bolivia, bajo su conducción, superaría a Suiza.

Muy pronto —si se toma en cuenta la edad de las naciones— el resultado, como está a la vista, muestra que ese tipo de promesas nunca se cumplen, más aún cuando un régimen no se basa en principios democráticos.

El politólogo Adrián Rocha, afirma que “hace años se realizan enormes esfuerzos por capturar conceptualmente nuevas dinámicas que desafían cada vez más a las democracias occidentales. Términos como pos verdad, populismo, antisistema, antifascismo (en su versión actual), posfundacionalismo, por no hablar de los ya célebres neoliberalismo o posmodernismo, proliferan en papers, artículos y ensayos, con el fin siempre fáustico —aunque nunca reconocido como tal— de ahondar en las causas profundas de las crisis que afectan la vida pública contemporánea”.

Si recordamos las múltiples promesas de los partidarios de los gobiernos populistas, se encuentra que muy pocos —o ninguno— de los objetivos señalados o prometidos: democracia, paz, justicia, solidaridad, progreso y libertad, se cumplieron, pues, en verdad, “son constantemente muletillas de los que precisamente no tienen intención de cumplir”.

Lo señalado por Rocha, ocurre en los regímenes populistas de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia. El caso del Perú tiene una característica propia: el reciente resultado electoral fue muy estrecho, y los problemas internos del gobierno populista han empezado a mostrar lo poco consistente de su apoyo popular.

En Bolivia, destaca también la incumplida promesa de que, durante el gobierno populista de Evo Morales (que duró casi 14 años), “no habrá ni un muerto” por acción del Gobierno. Esto nunca se cumplió. Los muertos por acciones políticas se cuentan en decenas. Una falsedad como muchas otras que ahora salen a la luz pública.

 

por: Marcelo Ostria Trigo 

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