OPTIMISMO Y REALIDAD

Ha comenzado el año 2021 y ya hay, en ciertos sectores de la sociedad un claro optimismo –o sea “la propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable” (RAE)–, luego de un año complicado que tuvo como la mayor adversidad la pandemia del coronavirus y una etapa institucional, por decir lo menos, muy difícil.

El optimismo es un acicate para mejorar todo, pero lo que no cuadra es que, frecuentemente, ese optimismo se aleja de la realidad. El optimista inteligente, en cambio confía en que le van a ocurrir cosas positivas y trabaja para conseguir el éxito, conoce sus limitaciones y es consciente de la realidad, pero prefiere centrarse en sus posibilidades para conseguir lo que se propone (Carlos Hernández.  Optimismo para torpes, Ed. Oberon Práctico, 2013).

Para conseguir lo que uno se propone se requiere, sobre todo, de realismo. Lo contrario es ocultar carencias. Si se hace un inventario de calamidades que ha sufrido y sufre nuestro país, se comprende que se requiere identificar problemas, modificar conductas y reconocer debilidades. Una de esas carencias es la fragilidad del sistema de salud, abandonado por más de una década. La pandemia del coronavirus, en estas condiciones, se ceba fácilmente en la población. Una solución inmediata no es posible en las actuales condiciones, en las que se presenta la anunciada segunda ola de la pandemia, más peligrosa que la inicial.

Eso no es todo: Las actitudes triunfalistas tienden a ocultar la realidad y endilgar a otros las culpas por las penurias que se han sufrido en el año que acaba de terminar. Esto viene de antes; de hace casi tres lustros de irresponsable manejo de la economía que, vigorizada por los altos precios internacionales de lo que se exporta, pudo haber sido motor de desarrollo.

El optimismo realista no nos muestra caminos fáciles para una pronta solución de la crisis integral que sufre el país. La situación política, si se agrava por las disidencias oficialistas y la división opositora, será inmanejable. Además de eso, hay que tomar en consideración que el presidente Arce anunció, durante su campaña, que debe seguirse los pasos de Cuba para llegar al socialismo y así solucionar los problemas Esto no tiene sustento. Esa isla del Caribe vive de crisis en crisis. Y ahora no es ajena a la que sufre el mundo.

Se acaba de anunciar la reanudación de la exportación de gas a la Argentina, pero en menor escala y a precios más bajos que los anteriores. Esto, según los entendidos, es el producto de la falta de inversiones en el sector de los hidrocarburos para explorar nuevos campos gasíferos que reemplacen a los campos ya agotados. Esto es dramático, si se toma en consideración que nuestro país vive principalmente de sus exportaciones de hidrocarburos y de minerales. Este recorte de los ingresos nacionales, tendrá efectos graves en los ingresos fiscales.

Los ingresos fiscales, también tienen que considerar la expansión incontrolada del Estado que, además, se ha convertido en empresario. Solo se crearon empresas deficitarias e inoperantes. Esto se añade al aumento de gastos de un fisco ya debilitado.

Soluciones fáciles, no las hay. Solo la unidad, la honestidad y el trabajo podrán hacer renacer la esperanza en un futuro promisor. Eso es optimismo inteligente.

 

por: Marcelo Ostria Trigo

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