En este próximo aniversario del Día Internacional de la Mujer, que no debe ser trivializado y observarlo como una evocación más sino por el contrario adherirse con el espíritu, la plena convicción y si se puede con actos y hechos, para comprender que todavía la humanidad tiene temas pendientes con la mujer, básicamente en la igualdad plena, acceso a la paridad en los parlamentos mundiales, paridad en los puestos de dirección en los Estados y en la empresa privada, la nivelación de la ominosa brecha salarial con los hombres y preceptuar en las universidades.
El título de esta columna no podía ser más pertinente debido a la vital importancia de la mujer en el mundo, pese a ello la mujer en sus demandas siempre tiene y ha tenido muchos enemigos, (hombres y también mujeres), su número es legion y todos actúan silenciosamente.
Así, la mujer, tiene enemigos por insensatez: son aquéllos que no entienden la dimensión de la pertinencia y justicia de sus demandas, sin por lo menos imaginar que la igualdad de derechos y oportunidades para la mujer, es lo más sensato que puede aspirar la humanidad sensible. Censuran a la mujer por su inconformismo y por dejar su rol sumiso y dependencia del hombre. Fácilmente se infiere que esta categoría de enemigos fastidian bastante pero no saben lo hacen.
Otro rango, también numeroso, lo constituyen los envidiosos: hombres mediocres sin horizontes determinados y agobiados por la frustración. Este rango no perdona a la mujer por su indeclinable lucha y por las honrosas posiciones que conquista progresivamente con su inteligencia, talento y virtudes, tratando de carcomer la gloria de la naturaleza de la mujer y la relegarían de buen grado. Admiten a la mujer en su rol de maternidad y dejarían de atacarla y poner cortapisas si se mantuviese en ese reducido ámbito.
Luego existe un gran número de enemigos porque su presencia en el mundo no es tan destacada como la de la mujer; se convierten en enemigos porque su naturaleza interna no se equipara a la grandeza de la mujer y, aun, habiendo hombres de gran capacidad insertos en este número, no perdonan la mujer porque les oscurece en sus objetivos personales y en sus dominios.
Por fin se encuentran a los enemigos de la mujer por su condición de mujer, y poseer, como todos, defectos, debilidades y pasiones, pero como la mujer se preocupa por sus derechos e igualdad plenos, se dedica seriamente a su formación intelectual y de conocimientos y trabaja sin descanso en su perfeccionamiento.
La mujer entiende más claramente que el error es resultado necesario de la naturaleza humana y análogamente la pasión es natural y necesaria, siempre que se la identifique, domine y controle, ¿Porque se mantuvo y se mantiene aun la discriminación hacia la mujer durante veintiuna centurias?, porque todas las sociedades desde su estado larvario han estimulado sin detenerse en su acción la preeminencia y el dominio del hombre.
Ciertamente, hay muchos hombres que están habilitados y son capaces de referirse con acierto y precisión sobre los derechos e igualdad de la mujer, pero no se interesan hondamente con preocupación espiritual y de acción, solo se limitan arañar en la superficie del problema no resuelto, actitud por la cual se posterga para plácemes del dominio del hombre la irrupción de un escenario pleno de igualdad y derechos de la mujer. Y no hay que asombrarse de esta ambigüedad si se piensa en el enorme desafío y esfuerzo que significará para el hombre medirse con la mujer en igualdad de condiciones.
Sería un columnista sedicente sino no me hubiese concentrado en los términos utilizados en esta columna, vertidos con honestidad, veracidad y admiración, porque escribo sobre el ser más importante de la creación.
por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas





