por: Max Murillo Mendoza
Hablar del sistema de justicia en Bolivia, es como hablar de la
policía, del sistema de salud o del sistema educativo. Entes que no
funcionan, y en el peor de los casos son cloacas inmundicias que no
sirven para nada a la gente de a pie. Todos sabemos que la justicia en
Bolivia es un sueño, que no será realidad sino es con coimas y
corrupción legal y cotidiana. Las denuncias no sirven para nada. Son
parte del folklor del maltrato al ciudadano.
Lo de Mariaca era una canción muy popular; pero en un país como
Bolivia simplemente se convive con la delincuencia, sea de cuello
blanco, cuello indígena y de cualquier cuello es lo mismo. Se sabe muy
bien quiénes son los corruptos; pero el grado de impunidad al que se
ha llegado es preocupante. Al final, la gente de a pie prefiere unirse
a los corruptos porque ellos ganan las batallas, frente a los limpios
y soñadores que perderán cualquier batalla: impunidad y estructuras
corruptas.
La descomposición social al que hemos llegado es grave. Nadie hay en
el espectro de la política, que al menos prometa cambios ante la
terrible realidad de que la corrupción es más fuerte, que cualquier
intención de mejora. Lo más grave es la penetración del narcotráfico,
junto a casi toda la policía, a las instituciones del Estado.
Los discursos y las sonrisas políticas ya no sirven. Ni las buenas
intenciones que las hay y de sobra. Se requieren actitudes concretas,
precisas y de magnitudes de dolor para cambiar las cosas en Bolivia.
Se requieren liderazgos a la altura de los golpes mortíferos contra
las estructuras mentales, institucionales, de la corrupción. En suma,
se requiere de mano dura para frenar a semejantes monstruos que están
matando a la sociedad. Los discursos son adornos inservibles a estas
alturas de la tragedia.
Bolivia requiere con urgencia de personas sin miedo a los
sentimentalismos encubridores y cómplices del cáncer de la corrupción.
Bolivia requiere de urgentes medidas concretas, para no sólo endurecer
sus medidas y castigos legales, sino incluso inaugurar procesos de
pena de muerte, ante la escalada terrible de la mentalidad de la
delincuencia.
Los jóvenes son los que mejor copian estas prácticas, en las
universidades, en las instituciones, pues saben ellos que los
corruptos tienen protección total de las instituciones. Saben los
jóvenes que no son los mejores y más inteligentes, los que manejen las
instituciones, sino los más pendejos y dispuestos a las lógicas más
corruptas posibles. Esta es la dura realidad en Bolivia, no lo que
dicen y cantan los discursos.
Sin reglas claras Bolivia no podrá salir adelante. Sin competencia
clara, real, donde los mejores profesionales sean los que manejen las
instituciones, donde las inversiones tengan las oportunidades claras
de ganar, con los mejores del sistema, precisamente con los mejores
inversores. Y todos estos elementos dependen de las leyes, de que las
leyes sean absolutamente claras. Porque sin seguridad jurídica nadie
invierte en Bolivia.
El peligro es real. México es el claro ejemplo de este peligro, donde
el narcotráfico ha invadido todas las esferas del gobierno, donde la
policía y el ejército son parte integral del narcotráfico. Pues, los
asesinatos y los secuestros son el pan de cada día en aquel país, sin
que nadie haga algo para frenar a los delincuentes. El peligro es real
si es que no les frenamos con rectitud y mano dura.
El narcotráfico, contrabando masivo, toda la economía ilegal, son
enormes sistemas que destruyen toda posibilidad de construcción
económica legal y real. Lamentablemente existen incluso teóricos que
justifican la ilegalidad, en nombre de la histórica debilidad del
Estado, o sus insumos de clase y raza. Lo cuál es simplemente terrible
y vergonzoso, que no se puede permitir aun en nombre de los pobres que
no les queda nada más por hacer y sobrevivir.
Las comparaciones también pueden ayudarnos a graficar los análisis.
Nuestro vecino país Chile, desde siempre ha cuidado su legalidad
precisamente para cuidar sus inversiones cuantiosas. Ahí las reglas
están claras para cualquier competencia. Existe seguridad jurídica. Es
una estrategia de Estado que cruza ideologías y fronteras políticas.
Pues, aunque nos duela decirlo, Chile es un país desarrollado por esas
condiciones objetivas de como cuidan sus mercados internos. Nosotros
somos un país pobre comparativamente, y nuestros compatriotas tienen
que ir a trabajar a Chile de cualquier cosa para sobrevivir de mejor
manera.
Ciertamente tenemos mucho que hacer los bolivianos, para cambiar
nuestras realidades. El sistema de justicia es uno de los desafíos. Si
no lo hacemos seremos nomás un Estado fallido como Haití o Afganistán,
sin futuro posible y con los delincuentes campeando un bello país como
el nuestro. Las condiciones no son tan difíciles como parecen: mano
dura, profesionales de alto nivel y voluntad política para cambiar en
serio.
En todo caso, no tenemos otras salidas posibles sino el de enfrentar
con rectitud y mirada fría a los desafíos que tenemos. Desafíos que no
se negocian y la presente generación tiene que enfrentarlos. No hay
alternativas, sólo la voluntad política de hacerlos, por el bien de
nuestra Patria.





