MAX MURILLO MENDOZA EL MODELO DE DESARROLLO ES EL MISMO DESDE SIEMPRE
lunes, 14 enero 2019 - 06:00 AM - La Voz de Tarija
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El modelo de desarrollo imperante es el mismo que viene desde el siglo XIX. Nada ha cambiado sino los matices y la tecnología; pero la religión es la misma: desarrollo y progreso. Esos santos que han marcado procesos enteros y han cruzado todas las ideologías posibles. Porque no hay ninguna diferencia entre el modelo de acumulación de China y Estados Unidos, obedecen a los mismos patrones de desarrollo y progreso. La ideología es la creencia para el pueblo, es el circo romano. Las prácticas o la real politik son nomás elitistas, es decir de intereses globales que van más allá de los sentimientos ideológicos. Las clases altas gringas son iguales a los mandarines chinos, tienen poderosos intereses que nada tienen que ver con las ideologías. Son hijos legítimos de las ideologías más importantes: desarrollo y progreso.

Esa religión por supuesto que fue la exportación ideológica más importante de la colonización, posteriormente de los imperios, y hoy de las globales formas financieras y corruptas, que son los nuevos invisibles amos de los poderes mundiales. En esa repartija mundial de los papeles económicos, nos tocó el de ser los saqueados de nuestras materias primas. Seguimos siendo eso nomás: exterminamos nuestros bosques y montañas para seguir exportando minerales, petróleo, gas, oro, estaño, soya y alguna otra variante que requieran los amos del norte o los nuevos industrializados feligreses del desarrollo y progreso. Nuestras élites no han cambiado en estos siglos, la dependencia ha sido un gusto único.

Bolivia ha ingresado en el siglo XXI; pero sus estructuras mentales y materiales siguen siendo de principios del siglo XX. Terriblemente conservadoras, sean populares o elitistas, con sistemas educativos apenas educando precisamente para las fábricas en masa, que son los modelos industriales de aquel momento. Con sistemas judiciales cavernarios, arrastrando como aparapitas sus raíces coloniales, como costumbres mentales. En definitiva sin Estado, es decir sin visiones de Estado e imaginarios de Estado. Pero con algo parecido al Estado, como concepto copiado del modelo europeo. En esas duras realidades, las religiones del desarrollo y progreso encubren todos los ámbitos posibles, para disimular las tragedias.

El extractivismo es parte substancial periférico del desarrollo y progreso. Países que ni siquiera hemos participado y entrado a la primera revolución industrial, es decir a la fundición de acero que ya se hizo en los siglos XVIII y XIX, pues nos quedamos estancados en la historia porque el modelo está diseñado para que unos pocos dominen. Las llaves del capitalismo la tienen los amos del desarrollo y progreso. Y en nuestros países sólo las élites se benefician desde siempre de ese modelo. Hoy cuando el mundo desarrollado y progresado, ya entra a la cuarta revolución industrial, las élites de estos lados periféricos siguen soñando y bendiciendo a la primera revolución industrial: extractivismo y saqueo bendecido de nuestros recursos naturales.

Romper con el modelo ciertamente no tiene recetas mágicas. Pero hay pistas que pueden conducirnos a ser mejores herejes y más dignos frente al poder del sistema. Mirarnos a nosotros mismos: nuestras herencias en el dominio de la naturaleza holística, que nos ha hecho hace muchos siglos absolutamente autosuficientes alimentariamente. Hoy ni siquiera el trigo para hacer pan es nuestro. Mirar las experiencias de Estado antes de la llegada de occidente. Porque tuvimos Estados sostenibles por milenios. Mirar nuestras ciencias sin perder de vista los aportes de los llegados. Investigar, es decir nuestras propias estrategias de sobrevivencia en la construcción de instituciones que respondan a nuestras realidades, que respondan a nuestra gente y no a lógicas invasoras. Cierto que necesitamos nuestras propias élites, no las prestadas por los invasores o impuestas por ellos.

Necesitamos un Estado que corra con nosotros, con la velocidad de nuestras sociedades, no que nos impida correr y frene las iniciativas de las colectividades. Necesitamos de instituciones del siglo XXI, no de las telarañas del siglo XIX que nos jode cotidianamente. Necesitamos de instituciones que permitan procesos educativos de vanguardia, que sean los que después cambien las viejas estructuras mentales y materiales del desarrollo y progreso. En suma, es urgente contar con nuevos derroteros y desafíos que den sentido existencial a las nuevas generaciones, y pues no hay que imitar a nadie o buscar en otras latitudes, sino en nuestras propias raíces: el pasado es nuestro futuro. Nosotros mismos somos la respuesta.

Deberíamos ya darnos cuenta que nadie hará algo por nosotros, nadie. Esa es la experiencia ganada en esto que se llama historia. Las élites son las mismas desde la colonia: unas veces de derechas y otras de izquierda. Pero esencialmente las mismas. Les encanta el desarrollo y el progreso. Sabemos que no cambiarán por nada a esas religiones, a pesar de la crisis de civilización y del sistema capitalista en el mundo.

Sólo basta ver el tipo de Estado que tenemos, para saber con exactitud que no quieren cambiar sino mantener las mismas lógicas patriarcales y patrimonialistas de la colonia. Estado burocrático, anti moderno, anti creativo, anti sociedad, corrupto hasta los tuétanos, anti cambios. Pero bien polvoriento de maquillaje ideológico, como viejo nostálgico de salón.

Las nuevas generaciones que vuelan en su versatilidad de nuevas cosas, no merecen este llamado Estado decrépito y de papiros medievales sin sentido. Es una tarea urgente la de modificar las lógicas políticas, ideológicas, de imaginarios reales de Estado que jamás los tuvimos y no los tendremos con este tipo de Estado. No tendremos dignidad, peor independencia.

por: Max Murillo Mendoza

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