Las movilizaciones encabezadas el 6 de agosto del año en curso, por el Comité Cívico Potosinista, con motivo de festejar un aniversario de la independencia de nuestro país, a las que se sumaron las plataformas ciudadanas de todo el país, tuvieron como signo distintivo, es que fueron masivas y contundentes, cuyos efectos inmediatos la solidaridad de toda la población potosina que, desde las calles, desde sus balcones y a lo largo de todo el recorrido manifestó su apoyo a las movilizaciones y sus protagonistas.
Las repercusiones en el bando oficialista fueron lapidarias, una muestra de la contundencia de la marcha fue que, a pesar de haber establecido un cerco policial de miles de policías para impedir el paso de los manifestantes, la marcha del Comité Cívico Potosinista no tuvo la más mínima resistencia de parte de los custodios y permitieron el ingreso de COMCIPO seguidas de las plataformas, para luego permitir que los manifestantes se apoderen del atrio construido para Evo Morales, yo diría hasta con cierto beneplácito.
Al parecer el objetivo que buscaba el masismo, al momento en el que determinó hacer los festejos del 6 de agosto en la ciudad de Potosí, era reparar de alguna manera las relaciones tan deterioradas que existen entre el gobierno y el pueblo potosino, derivados del trato que brindaron las autoridades a las demandas regionales y a la huelga potosinista que se libró el 2015.
Lamentablemente la forma y el momento que escogió el oficialismo para reparar dichas relaciones no fue el más adecuado y por el contrario fue el peor, recordemos que entre el Gobierno y el pueblo potosino existe un gran resentimiento por la forma en la que se trató las reivindicaciones de los potosinos que se sometieron a una huelga de más de 20 días en el que el gobierno en vez de tratar con la seriedad e importancia necesaria, trató de manera por demos despreciable y humillante tanto a sus dirigentes como al pueblo en su conjunto.
Sin embargo, al margen de la contundencia de la marcha, debemos destacar algunos detalles de las articulaciones políticas que se empezaron a tejer en el transcurso de los acontecimientos del 6 de agosto, entre los cuales corresponde subrayar una incipiente, pero poderosa articulación de unidad en la acción entre COMCIPO y los movimientos ciudadanos, debemos recordar que en principio COMCIPO ya había marchado apenas unos días antes casi con el mismo propósito, por tanto era lógico rechazar la idea de una nueva movilización, sin embargo la presencia de las plataformas ciudadanas de todo el país, terminó por convencer a COMCIPO de llamar a una nueva marcha, misma que se desarrolló con similar fuerza y contundencia que la primera
Un segundo hecho a resaltar es el acortamiento del discurso presidencial que de 2 horas y media programadas se redujo a apenas 33 minutos entrecortados, que nos muestra el contagio que desde las calles se proyecta hacia los asambleístas de oposición, que por vez primera interrumpieron el discurso de Morales, bajo el grito del “Bolivia Dijo No” a cuyo influjo afloró el nerviosismo y la incoherencia en muchos pasajes de la alocución presidencial que hicieron más notorio dicho estado de ánimo. Esto implica que el escenario de las calles se traslada al escenario parlamentario, con un éxito simbólico que es destacado por todos los medios de comunicación y redes sociales, tanto nacionales como internacionales.
Un tercer hecho, aunque todavía difuso, es que empieza a perfilarse una nueva hegemonía democrática que irradia una narrativa discursiva de oposición asentada exclusivamente en el “Bolivia dijo No”, pero cuya fuerza y atracción no deja indiferentes, ni siquiera al gobierno que intenta parar dicha arremetida con el “Bolivia Dijo Si”, en una falta de creatividad y desorientación discursiva pocas veces vista en estos últimos 12 años de gobierno.
El “Bolivia Dijo No” se ha transformado en el discurso aglutinador de toda la oposición democrática formal y no formal de este país, su capacidad de unificar todos los sectores sociales, políticos, cívicos, ciudadanos etc., tiene la virtud de que no necesita de mayor explicación o análisis, porque a pesar de su laconismo, detrás de ella se encuentra el eje central de toda democracia que es el respeto a las decisiones del soberano, el respeto al poder constituyente.
Al parecer el MAS, no quiere comprender que en el “Bolivia Dijo No” refleja la contradicción del poder constituyente vs el poder constituido, en el que la primacía del primero jamás se puso en duda en ningún país que se precia de ser democrático.





