VENEZUELA ENTRE DOS FUEGOS

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El primer fuego es por supuesto el gobierno mismo, con desequilibrados mentales que se creen en los socialismos errantes, dizque salvadores de la humanidad y salvadores del capitalismo rampante. Gobierno que maltrata a su propia población en nombre de mitos que nunca existieron, sino como literatura y buenos deseos poéticos desde la revolución rusa. Buenos deseos que siempre se destruyeron ante el inmenso poder del liberalismo, y de sus estructuras más sostenibles desde hace siglos, para bien y para mal. Gobierno con mediocres y discurseadores profesionales que confunden increíblemente ficción con realidad, además de corruptos megalómanos y peligrosos. Tan peligrosos que sólo se sirven del poder de las armas del ejército y la policía corrompidas en todos sus mandos altos. Venezuela por supuesto que no puede considerarse un espacio de sueño o utopía, sino como propaganda oficial con cadavéricos seres en las calles, que tienen que encubrir como sea al hambre y la miseria socialista.

El segundo frente que tiene el pueblo venezolano es  la llamada oposición, que son sobras de los partidos tradicionales oligárquicos, de apellidos exóticos, que con absoluta ausencia de estrategias políticas, totalmente funcionales al gobierno por su atomización brutal y divisiones internas en función de sus propios intereses, abandonaron hace tiempo las posibilidades de hacer frente al régimen de los socialistas tercermundistas, que sólo socializaron la miseria y la pobreza generalizada. Oposición sin liderazgos importantes, sino algunos hijitos de papi que quedaron fuera del poder allá en las elecciones de Chávez, cuando empezó alguna posibilidad de generar un espacio distinto políticamente; pero que terminó como la miseria y la pobreza generalizada de estos tiempos. Oposición que no fue capaz de reciclarse y recomponerse con el paso del tiempo, todo lo contrario. Sus líderes actuales nada pueden ofrecer como alternativa a las masas de hambrientos e impotentes frente al poder totalitario de las armas.

El miedo y la impotencia de las masas es la prueba contundente del tipo de sociedad que es hoy Venezuela. Sin salida posible actualmente, aplastados por dos poderes que sólo disfrutan espacios de confrontación ideológica como dos niños que se pelean por dulces y caramelos, para ver quién tiene razón. Ya no importa el hambre y la miseria de millones de venezolanos, eso es sólo excusa ideológica e insumo de mato naje político, muy típico de los socialismos del siglo XX que eran sólo enormes campos de concentración y de cárceles para “concientizar” a las masas hacia la revolución. El miedo para pensar y criticar, el miedo a la organización fuera de las cláusulas oficiales son muestras suficientes de atomización de la sociedad, producto de las políticas totalitarias del gobierno, vía corrupción o fuerza de las armas y legalidad totalitaria, precisamente para domesticar a las masas, con resultados nefastos en el funcionalidad de la sociedad civil.

Mientras no construyan otra sociedad civil, reconstruyan sus liderazgos y demandas, los venezolanos no tienen salida posible en los moldes tradicionales de lo que se llama democracia formal. Democracia formal “socializada” en esa rara enfermedad llamada socialismo del siglo XXI, que sólo socializó la corrupción y la miseria absoluta. La oposición venezolana tiene que reinventarse lo más antes posible, sacando fuerzas de dónde quizás ya no queda. Pero la sobrevivencia y la actitud de sobreponerse ante la arremetida de la brutalidad, debe ser el espíritu contundente que posibilite una luz al final del túnel. Porque lo contrario, la ausencia de posibilidades en los marcos actuales de democracia, puede derivar en la tragedia: violencia generalizada y lugar a los sectores más radicalizados de ambos bandos. Y eso sólo necesita un chispazo de torpeza. Venezuela es un polvorín preparado para lo peor; sin embargo, mejor la búsqueda de posibilidades sociales pacíficas, a pesar de la brutalidad y ceguera enfermiza del régimen.

Vemos también que el régimen tuvo un triunfo sobre la sociedad civil, atomizando terriblemente a sus poblaciones. Ya dijimos que el miedo es un componente básico de ese fenómeno. Pero también las divisiones y la extrema individualización de las organizaciones de la sociedad civil, es el objetivo perfecto del régimen: mientras siga las divisiones y enfrentamientos internos mezquinos, pues está garantizada la sobrevivencia del régimen. Es decir, el grado de atomización de la sociedad civil es el caldo de cultivo perfecto para los burócratas del sistema, así las masas son obedientes y nada harán en esas condiciones de extrema atomización social, ideológica y política.

En todo caso, la sociedad civil venezolana no tiene otra salida que el de rehacerse y sobrevivir a la coyuntura. Porque lo contrario será el rebalse y la peligrosa aproximación a la violencia generalizada, producto del hambre y la miseria generalizada que ya no es posible encubrir con discurso de cambio y revolución vacíos, torpes y que insultan además al sentido común de todo el mundo. Examen jodido de la situación actual, que tiene que dar la sociedad civil venezolana.

por: Max Murillo Mendoza

 

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