¿Cómo se está administrando la crisis?

Un estado de crisis ocurre cuando existe un desfase estructural, una situación anormal o difícil o la fase más baja de la actividad de un ciclo económico. Es un estado moral de zozobra, inseguridad, desilusión y desesperanza.
La crisis financiera que hoy aqueja al Gobierno departamental tiene un origen por demás conocido y que está directamente relacionado con la nefasta gestión de las arcas departamentales en una época de bonanza por parte del MAS, Lino Condori y su gente, con la corresponsabilidad del Gobierno nacional y con la reducción de los ingresos departamentales.
La gestión del interinato manejó un total de 21.189 millones de bolivianos, de los que ejecutaron efectivamente  14.876 millones bolivianos, recursos que financiaron gastos institucionales dispendiosos, obras de infraestructura de dudoso impacto, la dispersión territorial de la inversión sin una estrategia de desarrollo, el incremento de los programas rentistas y asistenciales, las transferencias y subvenciones a gastos nacionales, etc. A esta ingente cantidad de recursos hay que sumarle los compromisos contractuales que se asumieron para obras que si bien pagaron “el anticipo” requieren de financiamiento futuro por una cifra de Bs. 4.741 millones. Toda esta cantidad de plata no resolvió uno de los problemas de la gente y menos las limitantes estructurales de nuestro desarrollo.
La crisis financiera además está marcada por la drástica caída de los recursos de la renta del gas debido a la reducción del precio internacional del petróleo que significó una rebaja de los ingresos departamentales de un 64% (2014-2017), que implica una disminución acumulada de Bs. 2.535 millones.
Pero la idea de este artículo no es abundar tanto en el origen de la crisis y sus autores intelectuales y materiales, que algún día deberán rendirle cuentas a la historia por haber generado esta situación dramática, la idea es analizar si las iniciativas generadas para afrontar la crisis ayudan o no a superarla.
Hasta ahora las alternativas planteadas pasaron por conseguir recursos nacionales y de crédito interno. El gobierno canalizó dos fideicomisos destinados a proyectos de riego, agua potable, 3 estadios y 2 hospitales que suman un endeudamiento total de  318 millones bolivianos, solo para cubrir las contrapartes del GADT con programas nacionales.
El crédito o apoyo externo fue negado por Arce Catacora al igual que un fideicomiso que financie el Plan de Rescate Financiero. En resumidas cuentas, sólo queda en mesa el endeudamiento interno con la banca privada que se gesta por 700 millones de bolivianos y que todavía no recibió la autorización del Gobierno nacional. Y a ello le sumaremos algunos pagos diferidos de obras gracias al “sacrificio” de algunos empresarios corresponsables de esta situación.
Como puede verse, los recursos canalizados o por canalizarse están muy lejos de ayudarnos a tapar el hueco financiero y salir de la crisis. Es por eso que no queda otra opción que atacar por la línea del gasto. Fue interesante la iniciativa de la austeridad aunque no conocemos la significación del ahorro efectivo. Pero lo grueso del gasto está en el plan de inversiones y en los programas. En este marco, no tiene ningún sentido seguir bregando por la vía del incremento de los recursos manteniendo fijo el gran monto comprometido de recursos futuros. Y eso pasa por una sola medida que requiere de decisión y valor para ejecutarse: depurar la cartera de programas y proyectos y reducirla a un tamaño que la haga sostenible y financiable en el tiempo. Pasa por clasificar la cartera entre los proyectos importantes y estratégicos y los que no lo son tanto.
En ese marco, conviene preguntarse,¿no se debería dejar de priorizar los estadios para financiar la salud, el riego, el financiamiento productivo y los servicios básicos? ¿No es hora de clasificar los proyectos al interior de la cartera y definir cuáles deben esperar mejores tiempos? ¿No deberíamos diferenciar las “obligaciones” con los empresarios postergando aquellas obras que se contrataron a sabiendas de las partes que no se tenía financiamiento para ejecutarlas? ¿No corresponde diferenciar el estado de avance de los proyectos y concluir los ya avanzados en lugar de seguir financiando aquellos proyectos de dudoso impacto contratados en el tiempo de los descuentos en el interinato? ¿No es hora de fijar un nuevo monto por familia para el PROSOL incrementado irracionalmente?

«No tiene ningún sentido seguir bregando por la vía del incremento de los recursos manteniendo fijo el gran monto comprometido de recursos futuros. Y eso pasa por una sola medida que requiere de decisión y valor para ejecutarse: depurar la cartera de programas y proyectos y reducirla a un tamaño que la haga sostenible y financiable en el tiempo»

Es penoso ver que todos los esfuerzos para la concreción de recursos estén dirigidos a financiar las obras y los compromisos heredados de la anterior gestión, la mayoría de ellos muy cuestionados. Es una triste “cruzada” encabezada por el Gobernador y de la que participan Lino, los Subgobernadores, Alcaldes y empresarios, todos estirando la mano, casi rogando financiamiento para la que fue calificada como la “agenda del despilfarro”.
En ese marco, ¿dónde está entonces la “agenda del bienestar”? ¿No debiera separarse la paja del trigo y concentrar los pocos recursos en aquellos proyectos que realmente tendrán un impacto social y una proyección estratégica en la perspectiva del “nuevo tiempo”?
Por eso, no se trata solo de tapar el hueco, se trata también de achicarlo, canalizando de la mejor forma posible los escasos o nuevos recursos y en ese intento darles un destino estratégico a esos fondos, lo que resulta más importante que honrar los compromisos como parte de una misma bolsa sin evaluar su naturaleza e importancia diferente. Se trata en último término de tener la grandeza de dejar de lado los “intereses” mezquinos subyacentes en la agenda millonaria del despilfarro y hacer prevalecer el bien común.
La capacidad de gestión se traduce en ser precisos, en poder diferenciar la paja del trigo, atender las necesidades urgentes de la gente y abrir los verdaderos caminos al desarrollo. Pero también pasa por ser oportunos ya que la crisis por su naturaleza es un estado de cosas difícil que no se puede mantener por mucho tiempo porque genera malestar y consecuencias de diverso tipo. Ya va 1 año y 9 meses de crisis, es tiempo de abordarla en serio.

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