por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas
En otros artículos sobre la educación puntualicé el uso sin convicción de plasmar obligatoriamente, del intenso e intelectivo concepto de excelencia, que se utiliza sin la real comprensión, en el mercadeo de las diferentes universidades para obtener mayor número de estudiantes inscritos y embelesar a los padres de familia que deciden por tal o cual universidad.
La excelencia consiste en el esfuerzo supremo de hacer todo en grado óptimo y, lo destacado de esta sentencia es, siempre quedar disconforme, porque mañana se hará mejor. Este proceso debe seguir ad aeternum y nunca debe irrumpir el conformismo en los educadores y facilitadores, que son forjadores de la fácilmente extraviable razón de los jóvenes estudiantes como complemento a su inteligencia y el objetivo será la mayoría de edad y el asentamiento de los conocimientos recibidos, fijados en forma indeleble para saber hacer en la vida profesional.
No debemos conformarnos con nuestra condición humana que limita nuestras metas, situemos a esta con el concepto de la excelencia, imponiéndonos su cumplimiento como un imperativo categórico y nunca darnos por satisfechos.
Es innegable que somos imperfectos, pero esa imperfección es perfectible, otra fortaleza interior que nos impele a las posibilidades de progreso y ascenso constante.
A los estudiantes se les presenta recurrentemente las situaciones ideales, como el haber aprendido a realizar una tarea en buena forma, un ejercicio, un ensayo, un proyecto, una tesis o examen y todo lo que fuere un esfuerzo intelectivo y que está bien, empero, no debieran conformarse, sino revisarlo, leerlo una y otra vez para hacerlo perfectible.
Esta satisfacción no debe poner punto final al proyecto y a las acciones citadas, sino mantener la proyección a seguir desarrollando y a la perfección de lo aprendido. Creemos, repetidamente, que hemos llegado a la perfección, que es lo máximo; pero no es así, siempre existirá la latente posibilidad de mejorar en varias formas: primero por nosotros mismos; pues, ya poseemos el conocimiento y cierta experiencia, entonces, como segundo escaño, podemos conducir al proyecto y demás acciones intelectivas a sostener su crecimiento y progreso, acatando de buen grado que, lo que hoy nos parecía óptimo y en ese momento lo era, en la actualidad ya no lo es.
Es abogado, posgrados en Filosofía y Ciencia Política Maestría- CIDES-UMSA, Alta Gerencia para abogados UCB-HARVARD, Interculturalidad y Educación Superior, Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación, Docencia en Educación Superior, Consultor titulado en CECAP, doctor honoris causa en Humanidades Cambridge International University, profesor universitario en pre y posgrado





