El bullying o acoso escolar no siempre deja moretones. En muchos casos comienza con burlas, apodos, exclusión del grupo, amenazas, rumores o mensajes ofensivos que pueden pasar inadvertidos para los adultos. En Tarija, donde la problemática ha motivado intervenciones y campañas en unidades educativas, especialistas e instituciones insisten en que padres y profesores deben aprender a reconocer cambios en el comportamiento de niños y adolescentes.
Una de las principales dificultades es que un niño que sufre bullying no necesariamente contará lo que está viviendo. Puede guardar silencio por miedo a represalias, vergüenza, temor a que le quiten el celular, porque piensa que nadie podrá ayudarlo o incluso porque considera que contar lo sucedido empeorará la situación.
UNICEF identifica entre las señales de alerta el miedo a asistir a la escuela, ansiedad, nerviosismo, pérdida repentina de amigos, aislamiento, disminución del rendimiento académico, ausencias escolares, problemas para dormir, pesadillas y molestias físicas frecuentes como dolores de cabeza o de estómago. También pueden aparecer moretones o heridas sin explicación, así como útiles, ropa, celulares u otras pertenencias dañadas o extraviadas.
Cuando el niño cambia de repente, hay que prestar atención
Una señal aislada no significa necesariamente que exista acoso escolar. Sin embargo, varios cambios repentinos o persistentes pueden advertir que algo está sucediendo.
Un niño que antes se preparaba normalmente para asistir a clases y de pronto comienza a inventar excusas para quedarse en casa, manifiesta dolores antes de ingresar al colegio o pide constantemente que lo recojan puede estar atravesando una situación que necesita ser investigada.
Lo mismo ocurre cuando deja de hablar de sus compañeros, evita cumpleaños o actividades escolares, pasa los recreos solo, pierde amistades repentinamente o muestra angustia cuando se menciona a determinada persona.
En Tarija ya se han conocido situaciones en las que menores víctimas de acoso llegaron precisamente a pedir a sus familias que no los enviaran a clases. En un caso atendido por la Defensoría de la Niñez y Adolescencia, tres estudiantes de 10, 12 y 14 años recibían insultos y burlas constantes mediante audios, hasta el punto de no querer asistir a su unidad educativa.
El celular también puede revelar que algo ocurre
El bullying ya no termina cuando suena el timbre de salida. El ciberbullying puede acompañar al estudiante hasta su propia habitación, mediante WhatsApp, TikTok, grupos de mensajería, videojuegos, fotografías, videos, memes o perfiles utilizados para ridiculizarlo.
Un estudio desarrollado en colegios de la ciudad de Tarija por estudiantes de Psicología de la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho (UAJMS) encontró que una de las principales formas de acoso identificadas fue precisamente el ciberacoso mediante insultos verbales o escritos a través de internet y dispositivos electrónicos.
Investigaciones e intervenciones difundidas en Tarija durante 2026 volvieron a poner el foco sobre esta modalidad. En trabajos realizados con estudiantes y profesores, el ciberacoso mediante insultos escritos o verbales representó el 25,1% de las formas de hostigamiento identificadas, mientras que la difusión de fotografías y videos privados alcanzó el 18,3%.
Por ello, si un hijo se angustia después de revisar el teléfono, abandona repentinamente sus redes sociales, elimina cuentas, se sobresalta cuando recibe mensajes o se vuelve excesivamente reservado respecto a lo que sucede en internet, los padres deberían conversar con él antes de asumir que se trata simplemente de una conducta propia de la edad. UNICEF incluye precisamente la angustia después de utilizar internet y el secretismo inusual respecto a la actividad digital entre las señales que pueden advertir acoso.
No todo conflicto entre compañeros es bullying
También es importante diferenciar una pelea ocasional de una situación de acoso. Los desacuerdos, discusiones e incluso peleas pueden presentarse entre niños y adolescentes, pero el bullying implica una dinámica de intimidación y hostigamiento, generalmente repetida, que coloca a la víctima en una situación de vulnerabilidad.
Las burlas constantes sobre el cuerpo, la forma de hablar, la situación económica, la ropa, el rendimiento escolar o cualquier característica considerada «diferente» pueden convertirse en formas de violencia psicológica.
La investigación realizada en colegios de Tarija encontró precisamente que quienes presentan algún rasgo distintivo respecto al resto del grupo pueden convertirse en blanco del acoso.
¿Cómo preguntarle sin conseguir un simple “no pasa nada”?
Interrogar al niño apenas llega a casa con preguntas como “¿te están haciendo bullying?” puede provocar que se cierre todavía más. Una alternativa es generar conversaciones cotidianas y preguntar con quién pasó el recreo, quiénes son sus amigos actualmente, qué fue lo mejor y lo peor de su jornada, si alguien del curso suele ser molestado o si existe alguna persona con la que no se siente seguro.
El objetivo inicial debe ser escuchar y transmitir confianza. UNICEF recomienda mantener una comunicación abierta sobre lo que ocurre tanto en la escuela como en internet, de manera que los hijos puedan sentirse cómodos contando sus experiencias.
Si finalmente cuenta que está siendo acosado, minimizar la situación con frases como “son cosas de niños”, “defiéndete”, “ignóralos” o “tienes que hacerte respetar” puede aumentar su sensación de soledad. Tampoco es recomendable reaccionar inmediatamente enfrentando al otro estudiante o a su familia sin conocer primero lo ocurrido.
Los padres no deben quedarse solamente con la sospecha
Cuando existen indicios consistentes, corresponde comunicar la situación a la unidad educativa y solicitar que se active el procedimiento correspondiente, especialmente cuando existen amenazas, agresiones físicas, violencia psicológica sostenida o acoso digital.
El Ministerio de Educación establece protocolos de prevención, actuación y denuncia frente a hechos de violencia física, psicológica y sexual en unidades educativas. La normativa boliviana también establece medidas para prevenir y eliminar la violencia y el acoso escolar, entre ellas romper la cultura del silencio y denunciar estas conductas.
La problemática tiene antecedentes recientes en Tarija. En julio de 2026, la Junta de Padres de Familia pidió esclarecer un presunto caso de bullying en una unidad educativa de la capital que habría escalado hasta una grave agresión física contra un estudiante, además de cuestionar si se habían aplicado correctamente los protocolos establecidos.
Durante esta gestión también se reforzaron las acciones preventivas. Hasta abril, la Unidad de Prevención de la Secretaría de la Mujer y Familia informó que había llegado a 4.864 estudiantes de más de 54 unidades educativas con talleres que incluían prevención del bullying y ciberbullying, además de otras problemáticas.
Escuchar puede ser la primera forma de proteger
El cambio de comportamiento de un hijo no debe convertirse automáticamente en un diagnóstico de bullying, pero tampoco debería ser ignorado. Dejar de querer ir al colegio, aislarse, bajar repentinamente las notas, dormir mal, perder pertenencias, presentar lesiones inexplicables o angustiarse constantemente por el celular son señales que merecen atención.
La prevención comienza en casa, pero necesita involucrar también a profesores, directores, padres de familia y autoridades encargadas de la protección de la niñez.
En Tarija, la Defensoría de la Niñez y Adolescencia informó en agosto que aproximadamente 6.000 estudiantes habían participado en acciones de sensibilización para prevenir la violencia escolar, con énfasis en agresiones físicas y verbales y en la participación de toda la comunidad educativa.
Identificar el bullying a tiempo puede evitar que una situación aparentemente pequeña se prolongue y provoque consecuencias mayores. Para los padres, una de las herramientas más importantes continúa siendo algo aparentemente sencillo: observar los cambios, preguntar sin juzgar y, sobre todo, escuchar cuando un hijo intenta decir que algo no está bien.





