por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas
¿Será que el límite de nuestro idioma es el límite de nuestro conocimiento y del mundo? el idioma es el lenguaje como actividad universal humana que utiliza un sistema de signos según determinadas reglas de enlace y la pregunta se puede contestar desde varias perspectivas: existen personas que andan por la vida con un escaso vocabulario aleatorio a su formación, realidad que puede significar una sensible desventaja para comunicarse y leer con concisión y comprensión.
Quien dispone de un amplio y siempre in crescendo (crecimiento) vocabulario está capacitado a diferenciar óptimamente los conceptos y explicarlos de una manera inteligible ayudado por la filosofía y la sociología.
Saint Exupery expresó: “que el idioma es la fuente de los malentendidos” y lleva razón, pues, quien dispone de un exiguo vocabulario está expuesto a confusiones y malentendidos; otra respuesta sería que el idioma ingresa intensamente en la conciencia de las personas y en la política porque la impronta cultural asume un importante rol.
No perfeccionar el idioma es permanecer en la minoría de esa fortaleza y, significa la incapacidad de servirse de su propio entendimiento, sin la guía de otros, que es una característica de los políticos en Bolivia y en otras latitudes. El político es culpable de esta postración en la verdadera comunicación cierta y verdadera, no por la falta de inteligencia sino en la falta de decisión y valor para perfeccionarse intelectualmente.
La pereza y la cobardía son las causas que gran parte de la humanidad y, sobre todo los políticos, en los cuales se constituye en una obligación, permanezcan en una minoría de conocimientos a lo largo de la vida. ¿Cómo pueden razonar los políticos que dirigen nuestro país, con consecuencia directa para la población, a la cual es imperativo mejorar su desarrollo humano y evitar, con decisiones correctas, su postración en la pobreza por las deficientes gestiones impregnadas de deshonestidad? Deben filosofar para conducir correctamente al Estado. La filosofía es freno para los jóvenes, consuelo para los viejos, riqueza de los pobres y ornato para la mayoría de los políticos.
Es innegable que en algunos idiomas se patentiza la fortaleza del patriarcado debido a que en la forma de comunicarse y básicamente en la estructura gramatical, no se contempla al género femenino o sea a las mujeres que son los seres más importantes de la creación. En todos los postulados de los diferentes idiomas patriarcales se menciona genéricamente a los hombres como denominación que encapsula a hombres y mujeres, entonces, debemos asentir que se evidencia una discriminación.
En Alemania se ha iniciado una polémica en diferentes foros sobre la necesidad de abrogar esta discriminación y, en cada profesión, oficio o cualquier actividad o estado de la mujer, ésta debe ser nombrada con su propio género.
Se debe citar que los idiomas español y alemán, encierran una admirable riqueza en vocabulario, expresiones una gramática exigente que abre el horizonte de la semántica.
Lo expuesto nos obliga a una sucesiva pregunta ¿El idioma nos domina o nosotros lo dominamos? a ello se intenta responder que existe autonomía cuando hablamos, y por la manera de hablar que es intuito persona, sin embargo, para la exactitud debemos obligadamente situarnos en la estructura del idioma, es decir, aproximarse al dominio de la gramática que a muchos no les agrada, para no ser malentendidos.
El idioma expresa las percepciones de mujeres y hombres y se utiliza la mímica o la expresión corporal para ser entendido; esa es la razón para utilizarlo, además que el idioma une la peculiaridad de generar fantasía pues en general se puede describir todo a través de las palabras y con los 7.000 idiomas que existen en el mundo.
Otra pregunta que inquieta a la filosofía y a la sociología es: ¿Se refleja la evolución de la humanidad en el idioma? Probablemente sí, pues el idioma está íntimamente unido a la evolución de los pueblos y desestima que hablemos el mismo idioma que nuestros antepasados. Conceptual y semánticamente las transformaciones son considerables y siguen sumando.
Asignando otro rasgo profundo a lo expuesto se afirma por la filosofía que la cuestión del idioma a través del lenguaje es la capacidad para hablar o la práctica desarrollada por aquél. La capacidad de hablar está implícita en la esencia de mujeres y hombres.
Es abogado corporativo, posgrados en Filosofía y Ciencia Política Maestría CIDES-UMSA), Alta Gerencia para abogados (UCB-HARVARD, Arbitraje y Conciliación, Interculturalidad y Educación Superior, Derecho Aeronáutico, Docencia en Educación Superior, doctor honoris causa (IWA-Cambridge University, USA), profesor universitario en pre y posgrado





