NEGACIÓN DE RESPONSABILIDAD Y TRANSFERENCIA EN LA ADMINISTRACION PÚBLICA

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por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

Existen alternativas psicológicas que utilizamos los humanos en nuestra imperfección, para eludir las contingencias que se presentan en la dinámica que vivimos. Las disculpas y las respuestas de las personas que asumen responsabilidad de todo nivel en la Administración Pública de Bolivia, se basan precisamente en la negación de responsabilidad y transferencia de la misma.

Transferir es un vocablo usado metafóricamente para señalar el cargo o el peso de una situación de responsabilidad o circunstancia apremiante, al otro u otros. Existe un ejemplo paradigmático que todos conocen: cuando Adan recibió la pregunta “si comió del árbol del árbol de la ciencia del bien y del mal”; fue una transferencia de culpa al señalar que: “lo comió porque la mujer lo tentó “. Adan se exculpó tratando de deshacerse de su responsabilidad intrínseca, pues, si no hubiese sido Eva no habría sucedido: ¡vaya valor civil del compañero de Eva!

Psicológicamente significa situar en el otro(a) la responsabilidad, la culpa de hechos, circunstancias o vicisitudes, que son sustrato de la propia responsabilidad del cargo. El sentimiento de responsabilidad es un estado emotivo en el cual se halla la autoridad que debiera asumir la culpa o negligencia, y es dominada por la creencia de liberarse de haber infringido una prescripción del mando, principios de obligatoriedad o alguna prescripción legal; es un alivio temporal del servidor público, sea cual fuere su nivel, pues, realizando el seguimiento de la acción y los deberes del cargo se identifica al real culpable.

En el actual problema de la escasez de combustible diésel, se nota ostensiblemente esta transferencia: existe un contrato de recojo de basura, empero, los vehículos estacionados por la carencia de combustible; ante una situación de peligro de la salud que afecta a la población y los inocentes niños, la alcaldía debiera asumir la responsabilidad con toda la fuerza motriz que dispone y realizar el trabajo de limpieza y recojo. Luego en la normalización se arreglarían las cuentas alcaldía y el contratado, moraleja: se hizo el trabajo y asumió la responsabilidad y el ciudadano no fue afectado por la contaminación y aplaudiría la gestión, pero eso es utópico y no sucedió ni sucede, pues, siguen las montañas de basura.

Muchos servidores públicos que dificultan, sin orientar menos ayudar a los ciudadanos en sus legítimos tramites, creen que el otro tiene que ver con todo lo que pasa, por su falta de coraje, asunción plena del cargo con conocimientos y responsabilidad para desempeñarlo.

Esta irresponsable acción significa que la carga demasiada pesada para el servidor público, que trata de evitarla, pensando erróneamente que no ha obrado mal y que, fue forzado por circunstancias exógenas, por cobardía y falta de dignidad, a transferir la responsabilidad y creerse exculpado y, no es así, porque actuar de ese modo con una inversión de la culpa, daña profundamente cualquier vínculo de comunicación entre los humanos. 

La dignidad que parece olvidada en nuestro país, de donde surge la libertad, nos hace responsables de nuestros actos y es el principio vital que conduce a los valores, a la bondad y el amor al prójimo. 

Cada persona en la actividad que fuere asume un rol que marca su destino señalado, creado armoniosamente en la familia y la sociedad. No se puede transferir nuestra maravillosa vida como si fueran objetos que hoy los situamos aquí y mañana allá.


Es abogado corporativo, posgrados en Filosofía y Ciencia Política CIDES-UMSA, Alta gerencia para abogados UCB-HARVARD, Interculturalidad y Educación Superior, Dere cho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación, Docencia en Educación Superior, Derecho Constitucional, doctor honoris causa en Humanidades, profesor universitario en pre y posgrado.

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