por: Max Murillo Mendoza
¿Cómo se está moviendo el mundo hoy? Los dramáticos cambios que se
operan en el mundo, son cataclismos que nadie sabe a dónde nos llevan.
Ciertamente es una transición muy compleja en el orden económico,
tecnológico, industrial, científico y social. Sólo con la irrupción de
la inteligencia artificial en la vida diaria de todos los humanos,
tenemos muestra de lo que está aconteciendo. En esta coyuntura, los
países llamados centrales o industriales se mueven a velocidades de
crucero. Considerando también a países como China o India, que ya
forman parte de aquellos que sus decisiones influyen en todo el mundo.
En América Latina también se operan movimientos fuertes, para
acomodarse de la mejor manera posible en los cambios tectónicos
mundiales. Por ejemplo, Chile, Brasil, México, Argentina, Perú y
Uruguay, son los más aventajados para las futuras dinámicas externas.
Más allá de las posturas ideológicas, siempre estuvieron las
estrategias de Estado, los intereses nacionales, como resortes de
Estado más importantes que la ideología. Al final, estos países sí
tienen institucionalidad de Estado y de sociedad.
Y Bolivia sigue siendo una incógnita histórica, junto a países como
Haití, que hasta hoy no se sabe a dónde apunta. Los ensayos políticos
e ideológicos nunca terminan en éxitos, sino en todo lo contrario.
Incluso en desastres que dejan una estela de muerte, de crisis
económicas y desestructuración social, cultural y política. Nuestros
especialistas desde siempre tienen materia para sus análisis. Pero, en
definitiva, no hemos encontrado la ruta como Nación y Estado para
avanzar en beneficio de la sociedad. De hecho, no tenemos Estado en
sentido estricto ni institución que nos permita formular y construir
estrategias de Estado: corto, mediano y largo plazo.
El último acontecimiento de los bloqueos de caminos, nos ha mostrado
que estamos todavía peor que hace treinta años. Racistamente
divididos, sin principios de autoridad, moralmente quebrados en lo
colectivo e institucional. Considerar que hemos avanzado en la
inclusión social, es sólo desahogo débil y consuelo pasajero; pues en
lo económico no hubo ninguna inclusión sino algunas medidas sociales
absolutamente débiles.
Pero, pues, ya seguir viendo el pasado de manera tradicional y viendo
fantasmas por todo lado, no es lo correcto. Necesitamos pistas para
salir de este atolladero histórico de nunca acabar. En esa línea, se
debe operativizar la formación de nuevas élites para el manejo
profesional y eficiente, del Estado y sus complejas madejas en lo
institucional. De hecho, hay que construir Estado respondiendo a las
necesidades actuales. La pobreza es el lastre más terrible que nos
persigue en nuestra historia.
Por otro lado, también se debe reconstruir o construir sociedad civil
junto a sus instituciones. No tenemos empresa privada fuerte y
estructurada. Lo que tenemos son imitaciones de empresa privada, que
vive a costa del Estado o menguando al Estado; pero no realmente una
empresa privada competente, poderosa y que sea alternativa al Estado
para las nuevas generaciones.
En lo educativo e invisible, donde se mueven los hilos de lo
cotidiano, hay que construir nuevas mallas curriculares para destruir
los muros culturales racistas y pigmentocráticos, de envidias
pordioseras bolivianas. Donde se eduque en el pensamiento liberal,
porque en un país como Bolivia la ausencia de liberalismo es brutal
sobre todo en sus clases medias y altas, ayudaría en mucho para
entender a los distintos, a los culturalmente distintos. Desde la
ideología política eso ha sido un rotundo fracaso. Hay que hacerlo
desde la educación y de manera agresiva en el buen sentido. De eso ya
hemos tenido experiencias mundiales exitosas, después de la segunda
guerra mundial. Es simplemente adaptar esos programas o planes a
nuestra realidad.
Cierto que reconstruir lo económico es una tarea apoteósica y muy
compleja. Sin embargo; desde siempre tenemos enormes potencialidades
como la minería, la agroindustria, el turismo, o ahora las nuevas
economías que se mueven por las tecnologías de la información.
Potencialidades que deben permitirnos crear las bases para las
exigencias de las coyunturas mundiales: inteligencia artificial,
robótica, industrias alimentarias de punta, etc.
Talento humano tenemos, por el mundo y en Bolivia. Talento humano muy
poco exigido, porque el filtro político no es compatible para buscar a
los mejores talentos bolivianos. En general lo político prefiere lo
ignorante; pero eficiente en las movilizaciones y oscuros movimientos
de lo perverso en lo político. La enorme cantidad de universidades que
tiene Bolivia, por ahora no sirven para mucho, desde la perspectiva
del manejo estratégico del Estado y las posibles empresas privadas.
Realmente no hay por donde perderse, ni hacer teorías brillantes. Es
restituir el principio de autoridad que no tenemos hace mucho tiempo.
No puede ser que un portero tenga el mismo poder que un gerente. Esa
falacia destruye las instituciones y frena precisamente el
reclutamiento de los mejores talentos profesionales. Y sobre esa base,
pues todo lo que el sentido común nos exige líneas arriba.
Somos la periferia de la periferia. Ni siquiera en América del Sur
tenemos presencia sólida y respetable. Nuestros mejores talentos se
escapan del país desde siempre, porque nada les puede ofrecer el país
sino problemas y conflictos político ideológicos, que sólo ofrecen
confrontaciones y sangre. Romper esa maldición es la tarea pendiente y
actual. No serán los discursos sino las prácticas reales y eficientes,
las que ayuden a salir del atolladero histórico boliviano.





