Cada 6 de junio, Bolivia rinde homenaje a los hombres y mujeres que dedicaron su vida a la enseñanza y a la formación de nuevas generaciones. En Tarija, una de las figuras que representa ese compromiso con la educación es la profesora Fátima Consuelo Torrejón Gallardo de Belmonte, la querida “profe Fátima”, considerada una de las maestras de matemáticas más destacadas y respetadas del departamento.
Su historia como educadora comenzó mucho antes de ingresar a las aulas como docente. Inspirada por su madre, desarrolló desde niña una profunda vocación por la enseñanza. Durante sus estudios en el Colegio Santa Ana de Tarija nació su pasión por los números y por las ciencias exactas, una inclinación que más adelante definiría el rumbo de toda su vida profesional.
Con el objetivo de convertir esa vocación en una carrera de servicio, continuó su formación en la Normal de Sucre y egresó de la Normal Simón Bolívar de La Paz. A partir de entonces inició una trayectoria docente que con el paso de los años se transformó en un referente para la educación tarijeña y boliviana.
En el ámbito personal, compartió su vida con el reconocido físico Javier Belmonte, con quien formó una familia junto a sus hijos Javier y Gabriel. Ambos docentes conformaron una de las parejas pedagógicas más influyentes de la región, promoviendo el estudio de la matemática, la física y las ciencias exactas entre cientos de estudiantes.
A lo largo de su carrera profesional, la profesora Fátima desarrolló su labor educativa en instituciones emblemáticas como el Liceo Campero, el Colegio José Manuel Belgrano, el Colegio La Salle, el Colegio Hermano Felipe Palazón y la Escuela Superior de Formación de Maestros Juan Misael Saracho. Su presencia en las aulas estuvo siempre marcada por la disciplina, la dedicación y una capacidad excepcional para transmitir conocimientos complejos de manera sencilla y accesible.
Uno de sus aportes fue su participación como cofundadora del Colegio Hermano Felipe Palazón, institución en la que también ejerció la docencia. Posteriormente, llevó su experiencia a la formación de futuros educadores en la Escuela Superior de Formación de Maestros Juan Misael Saracho de Canasmoro, contribuyendo a la preparación de quienes posteriormente asumirían la misión de enseñar en diferentes regiones del país.
Su compromiso con la educación también se extendió al ámbito institucional mediante su participación en el directorio del Centro Boliviano Americano CBA, entidad de la que forma parte desde su fundación.
La enseñanza de las ciencias y la preparación de estudiantes para competencias académicas constituyeron otro de los pilares de su trayectoria. Bajo su orientación, numerosos jóvenes lograron destacarse en olimpiadas científicas departamentales, nacionales e internacionales, consolidando una tradición de excelencia académica que trascendió las fronteras de Tarija.
Sin embargo, el legado de la profesora Fátima no se limitó a las instituciones educativas. Durante años impartió clases en la Biblioteca Oscar Alfaro y abrió las puertas de su propio hogar para continuar enseñando. Su residencia se convirtió en un espacio de referencia para estudiantes de colegio y universitarios que buscaban reforzar sus conocimientos en matemáticas, física y otras ciencias.
Generaciones enteras pasaron por sus aulas particulares, encontrando no solo apoyo académico, sino también orientación, motivación y confianza para enfrentar los desafíos educativos. Incluso después de su jubilación, mantuvo intacta su pasión por la enseñanza, demostrando que ser maestra es una vocación que trasciende cualquier etapa laboral.
La llegada de la pandemia del COVID-19 puso a prueba nuevamente su compromiso con la educación. Lejos de abandonar la actividad docente, adaptó sus métodos a la virtualidad mediante clases individuales en línea, garantizando la continuidad del aprendizaje para sus estudiantes en uno de los momentos más complejos de la historia reciente.
Su invaluable aporte fue reconocido en abril de 2021, cuando el Pleno de la Cámara de Senadores de Bolivia aprobó una declaración de homenaje en reconocimiento a su destacada trayectoria y a su contribución a la formación de la juventud tarijeña.
En este Día del Maestro Boliviano, la figura de Fátima Torrejón de Belmonte emerge como un ejemplo de dedicación, vocación y amor por la enseñanza. Su legado permanece vivo en miles de estudiantes que encontraron en ella no solo a una profesora de matemáticas, sino a una guía capaz de inspirar esfuerzo, disciplina y superación a través de la educación.





