Gato tigre nublado: ¿por qué la ciencia se impacta ante la presencia de esta especie en Cochabamba?

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ROCÍO LLORET – LA REGIÓN

La noche del 8 de febrero de 2025 marcó un nuevo hito para la ciencia en Bolivia. A eso de las 20.30, el biólogo Oliver Quinteros Muñoz junto con otros investigadores herpetólogos, se encontraban en un monitoreo de anfibios y reptiles en la zona de Sehuencas, dentro del Parque Nacional Carrasco, a unos 160 kilómetros de Cochabamba capital. Mientras recorrían un sector de bosque secundario de Yungas o bosque montano, a 2251 metros de altitud, la linterna iluminó inesperadamente a un félido que descansaba sobre una rama de aliso de cerro (Alnus acuminata), a solo 1.30 metros del suelo.

“Lo más sorprendente fue que el animal se mostró dócil y permaneció en calma durante unos ocho minutos”, cuenta Quinteros-Muñoz a La Región. Esta pasividad permitió que los biólogos se acercaran a dos metros de distancia para registrar fotos y videos de calidad utilizando un teléfono móvil. Además, observaron con claridad el patrón de rosetas oscuras e irregulares, y otros rasgos físicos. No había duda, era un gato tigre nublado u oncilla andina; recientemente elevado a rango de especie plena, ya que, hasta antes de 2024, se consideraba una subespecie del tigrillo (L. tigrinus pardinoides).

De la casualidad a un documento científico

El avistamiento pasó de ser una anécdota de campo a ser un hito en la ciencia, en el momento en que los investigadores se dieron cuenta que se trataba del primer registro formal para el departamento de Cochabamba y para el Parque Nacional Carrasco. Tras consultar con otros expertos como el mastozoólogo Damián Rumiz, Quinteros-Muñoz junto con los demás investigadores decidieron escribir un paper científico o los resultados de su investigación.

Y es que encontrar al gato tigre nublado en este punto de Bolivia, logra acortar un vacío de información que había entre La Paz y Tarija: 760 kilómetros de distancia en línea recta, entre un punto y otro. “El primer registro de Leopardus pardinoides (=L. tigrinus) en Bolivia data de 2001, en Apolobamba. Por 2017 y 2022 lo registraron en Cotapata (ambos en el norte de La Paz). Después, Ximena Vélez-Liendo (experta en mamíferos de gran tamaño) nos proporcionó la información de un registro en Tarija”, asegura Quinteros-Muñoz.

Con el hallazgo en un punto medio (Cochabamba), es posible continuar estudios sobre el rango de distribución de la especie y resaltar la importancia de los corredores ecológicos o la conexión de bosques, en este caso montanos o Yungas.

“Los corredores verdes o corredores biológicos permiten que la fauna se desplace y se distribuya de forma continua desde el norte de La Paz hasta el sur del país”, asegura Quinteros-Muñoz.

Un hallazgo en un momento clave

El estudio, publicado en la revista “Notas sobre Mamíferos Sudamericanos”, identifica al ejemplar visualizado en el Parque Carrasco por sus características físicas distintas de otras especies: tamaño similar a un gato doméstico, orejas cortas y redondeadas, y un patrón de rosetas irregulares de color negro sólido sobre un fondo pardo amarillento.

Desde el punto de vista de la clasificación de la fauna, este registro llega en un momento importante, porque recientemente la oncilla andina fue reconocida como especie independiente; una identidad que aún está en proceso de actualización de las listas de amenaza internacionales como la UICN.

Pero sobre todo es un hito en términos de conservación, porque ahora se sabe que este tigrillo está en un área protegida nacional, lo cual revaloriza tal denominativo. “En términos de investigación, importa porque muestra que falta mucho por descubrir en el Parque Nacional Carrasco”, finaliza Quinteros-Muñoz.

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