por: Ruth N. Oblitas Q.
Tres años después de la Guerra del Chaco (1932-1935), Bolivia enfrentaba un empobrecimiento profundo por la falta de producción, la corrupción y la evasión de divisas. Los grandes mineros, conocidos como barones del estaño, exportaban el mineral pero lo depositaban en bancos extranjeros, eludiendo el control estatal y agravando la crisis económica. Este período (1936-1939) también estuvo marcado por gobiernos militares y transiciones turbulentas.
En 1937, el teniente coronel Germán Busch Becerra, participante de la Guerra del Chaco, asumió el mando. Su paso fue breve, pero significativo para sectores populares invisibilizados hasta entonces. Busch impulsó reformas para controlar las exportaciones mineras, firmó la paz con Paraguay, promulgó la Constitución de 1938 y, mediante un decreto supremo, estableció el 10 de mayo como Día del Periodista Boliviano.
Esta fecha conmemora, para las y los periodistas actuales, el primer reconocimiento de sus derechos laborales y su rol formativo en la reconstrucción social.
Sin embargo, a 88 años de esa promulgación, persisten la precariedad laboral, la desprotección, las agresiones físicas, la censura y las amenazas. Las y los periodistas, tienen un día para celebrar, pero los otros 364 enfrentan inseguridad, indiferencia y, en casos extremos, violencia de gobiernos o autoridades.
Un informe de Reporteros Sin Fronteras (RSF) lo confirma: Bolivia ocupa el puesto 91 de 180 en el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2026, con un deterioro en las condiciones de seguridad y pocas garantías para quienes ejercen esta profesión.
¿Y cómo estamos en Bolivia?
De enero a mayo de 2026, la Defensoría del Pueblo registró 10 casos de vulneraciones a trabajadores de prensa. Además, las agresiones contra mujeres periodistas se han intensificado, adoptando formas como prejuicios sobre sus capacidades, acoso en redes sociales, insultos e intimidaciones por su género. Una investigación reciente de la Fundación para el Periodismo revela que, de 156 entrevistadas, el 79% sufrió violencia por su labor; el 42%, agresiones verbales e intentos de censura; y el 25,5%, amenazas e intimidaciones.
Entonces, ¿qué celebramos?
Más que festejar, debemos honrar los sacrificios históricos de las y los periodistas, guardianes de la verdad que a menudo enfrentan agresiones o pierden la vida para dar voz a la ciudadanía.
Recordemos su rol decisivo en momentos clave: durante la Guerra del Chaco, difundieron crónicas denunciando injusticias y censura estatal; en la Revolución Nacional de 1952, amplificaron las demandas de reforma agraria y el voto universal; y en la Guerra del Gas de 2003, informaron incansablemente sobre la huida de Gonzalo Sánchez de Lozada tras la masacre de 60 fallecidos y 400 heridos.
Ser periodista en Bolivia no es fácil. Implica sobrevivir con salarios bajos y sin servicios sociales dignos, enfrentar amenazas políticas o de grupos criminales, y ser cuestionado o agredido en marchas por radicales que olvidan que también son humanos, con familias que esperan: padres, hijos, hermanas, esposas, esposos.
Ser periodista, no se reduce a investigar, verificar, fiscalizar y denunciar; significa superar el miedo y vivir con la incertidumbre de regresar sano y salvo a casa.
Reconocer el trabajo de las y los periodistas con un día de descanso (Ministerio de Trabajo DS N.3394) aunque sea fin de semana es valioso, al igual que los reconocimientos que adornan un mueble especial. Pero lo verdaderamente urgente es que la sociedad y, sobre todo, las autoridades reflexionen y actúen para erradicar las vulneraciones de derechos humanos, evitando repeticiones de violencia pasada.
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Periodista y comunicadora con formación complementaria en educación, derechos de la infancia, género y fotografía. Además, posee conocimientos en idiomas nativos como el aimara y quechua.
Ha trabajado en la implementación de campañas para promover el respeto a los derechos de niñas, niños, adolescentes, mujeres y poblaciones en situación de calle en Bolivia.
Actualmente es miembro de RedActiva, una red de periodistas dedicada a informar y defender derechos Sexuales y Derechos Reproductivos.





