por: Arturo Yañez Cortes
Aunque no es una novedad pues desde hace tiempo atrás suelen presentarse ese tipo de delitos especialmente en el oriente; el viernes el país amaneció conmovido por el asesinato nada más ni nada menos del Decano del Tribunal Agroambiental ejecutado bajo la modalidad del sicariato: “Asesinato por encargo de un tercero, a cambio de una recompensa económica, promesa o beneficio”.
Más allá de la dolorosa situación personal de la víctima, de su familia y de la condena generalizada que tan grave delito ha recibido desde todos los ámbitos incluyendo por supuesto al Foro y al Órgano Judicial; hay algo mucho más alarmante que nos enseña la Ciencia del Derecho: estamos ante una forma de asesinato motivada por intereses económicos que implica la existencia de un contratante (alguien paga) y de un ejecutor (el sicario o asesino a sueldo) que se enfoca en el ajuste de cuentas o en la eliminación de obstáculos, que obedece a estructuras del crimen organizado.
Ojalá que la Policía boliviana y el Ministerio Público tengan la idoneidad suficiente para en este caso dar con los autores no solamente materiales del crimen sino los que lo ordenaron y pagaron (intelectuales); pero sin adelantar hipótesis que no me corresponden, adentrándome en el bosque y no quedándome sólo en el árbol, el Derecho me da el soporte suficiente -sumado a otros hechos similares como el asesinato de un Juez en Cochabamba y/o un alto cargo departamental en Tarija sin contar los muchos que suelen producirse sobre todo de personas vinculadas con el narcotráfico- como para sostener una vez más que Bolivia se ha convertido en un caldo de cultivo de la delincuencia organizada en la que florecen sus engendros como son el narcotráfico, minería ilegal, tráfico de tierras, contrabando, trata de personas, corrupción y por supuesto, el sicariato pues éste crece en función a la oferta/demanda de ese tipo de “trabajos” sucios y esta inmersa en ese tipo de actividades criminales.
El sicario es un empleado privado de ese tipo de organizaciones que “terciariza” ese deleznable “servicio”, amparado en su poder económico y frecuentemente político; apostando a la impunidad que ya goza y aspira mantenerla. Pone en riesgo la misma existencia del estado que muchos idolatran, de las sociedades y de las personas.
Como hace varios años (2014) ya nos lo había advertido el prestigioso Insight Crime, Bolivia era y lo ocurrido lo confirma, un paraíso para el crimen organizado transnacional pues entre otras debilidades, padece de enormes cultivos de coca que es la materia prima para la cocaína (la hermana república cocalera del Chapare) además de florecientes cultivos de marihuana (México chico); está profundamente penetrada por la corrupción (narco maletas, YPFB, etc); no controla su espacio aéreo (radares comprados y pagados que no funcionan, aeropuertos privados liberados o jets cargados de vaya uno a saber qué ingresando como Pedro por su casa al principal aeropuerto internacional); los cuerpos de seguridad como la Policía están profundamente penetrados por el crimen (Marsett y un laaaargo etc); profundas debilidades en el lavado de dinero (el GAFI nos tiene en la mira); pujante cultura de informalidad e ilegalidad (“se le mete no más”); débiles controles migratorios y de fronteras (las narco maletas); falta de presencia estatal en amplios territorios (un simple mandamiento de aprehensión contra un sujeto investigado no se puede ejecutar en su territorio liberado de la soberanía estatal); alta politización y partidización de las entidades públicas y además, la inexistencia de una estrategia unificada contra el crimen organizado.
Así el estado del arte, es decir un estado y sociedad profundamente penetrados por la delincuencia organizada sea bajo sus modalidades de narcotráfico, tráfico de tierras, minería ilegal y otras que obedecen todas a corrupción. El sicariato -el que hoy lamentamos- todos los anteriores la mayoría impunes y me temo los que vendrán; debemos insertarlos dentro de esa temible debilidad institucional que es pues el caldo de cultivo para que florezca la delincuencia organizada transnacional.
No cabe aquí miradas ingenuas, superficiales o particulares por muy dolorosas que hoy nos estén siendo; sino urge aquellas integrales y profundas que escudriñen hacia las causas que percuten estos luctuosos hechos, sus escenarios que los facilitan y soportan y especialmente, políticas públicas que los combatan eficientemente. El Maestro ZAFFARONI sentenció: “NO SE PUEDE EXPLICAR EL DELITO, SIN ANALIZAR EL APARATO DE PODER QUÉ DECIDE, QUÉ DEFINE Y QUÉ REPRIME, COMO DELITO”





