El feriado del Día del Trabajador abre tres días de pausa que invitan a salir de la rutina y recorrer el país con otra mirada. A propósito de este descanso, el Ministerio de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía pone en vitrina destinos que van desde la inmensidad del Salar de Uyuni hasta la selva amazónica y las alturas imponentes del altiplano, con un llamado a redescubrir la diversidad de Bolivia.
“Se acercan días para desconectarte, cambiar de aire y conocer tu país. Muy pronto tendrás la excusa perfecta para hacerlo. Este feriado del 1 de mayo y el fin de semana largo del 2 y 3, haz una pausa y cambia de aire. Te mereces un descanso, ¡viaja!”, destaca el ministerio en sus redes sociales, donde difundió el mensaje acompañado de videos sobre los atractivos turísticos de Bolivia.
Entre los destinos recomendados figura el Salar de Uyuni, en el departamento de Potosí. Con una extensión cercana a los 11.000 kilómetros cuadrados, se posiciona como el desierto de sal continuo más grande y de mayor altitud del planeta, con un atractivo que trasciende fronteras.



“Este destino te invita a vivir cielos que se reflejan en la tierra, paisajes de otro planeta y rutas que te llevan a lo inesperado. Revisa esta guía básica y empieza a tomar la decisión. Tu mejor foto no está en tu galería, está esperándote en el Salar”, señala la cartera de Estado.
En el departamento del Beni, Rurrenabaque se presenta como puerta de ingreso a la biodiversidad del Parque Nacional Madidi. La región alberga una gran variedad de ecosistemas y especies endémicas, lo que lo convierte en un punto clave para el ecoturismo.



“Este atractivo te invita a vivir algo que no se explica, se vive: selva imponente y encuentros únicos con la vida silvestre”, resalta la institución.
Otro sitio destacado es Tiwanaku, ubicado a unos 72 kilómetros al oeste de La Paz. Este complejo arqueológico, construido alrededor del siglo III a.C., refleja la grandeza de las civilizaciones preincaicas. No por nada la Unesco lo declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2000, en reconocimiento a su valor histórico y cultural.





En la misma región, el lago Titicaca se alza a 3.810 metros sobre el nivel del mar y se distingue como uno de los lagos navegables más altos del mundo. Sus paisajes y su riqueza cultural convierten la visita en una experiencia singular.
“Este recorrido te invita a vivir historia, cultura y paisajes únicos: una ciudad que desafía la altura, una civilización milenaria y el lago navegable más alto del mundo”, concluye el ministerio.



Más allá de estos destinos, Bolivia despliega una oferta diversa que combina paisajes, cultura y aventura. En Potosí, Tupiza cautiva con formaciones rojizas y escenarios que evocan el lejano oeste, mientras Villazón, en la frontera con Argentina, se consolida como puerta de entrada a la región.
En Cochabamba, los valles al pie de la cordillera del Tunari destacan por su fertilidad y por una gastronomía reconocida a nivel nacional. En Tarija, la Ruta del Vino y el Singani recorre San Lorenzo, Uriondo y la ciudad, con bodegas que consolidan a la región como referente vitivinícola del país.
En el Chaco, Villa Montes abre paso a la naturaleza y la cultura a orillas del río Pilcomayo. En La Paz, la Cordillera Real y los Yungas concentran aventura y contrastes, con la Ruta de la Muerte como uno de los descensos más conocidos del mundo. En esa misma región, Sorata ofrece un respiro tranquilo a los pies del Illampu, junto con atractivos como la Gruta de San Pedro.
En Oruro, el Parque Nacional Sajama resguarda el nevado más alto del país y paisajes andinos de gran belleza. En el norte de Potosí, Torotoro sorprende con cavernas, cañones y huellas de dinosaurios, mientras Tarabuco, en Chuquisaca, destaca por su cultura yampara y sus textiles tradicionales.
Santa Cruz completa el mapa con destinos como Samaipata, puerta al Parque Nacional Amboró y sede del Fuerte preincaico; el Jardín de las Delicias, en El Torno, con cascadas y aguas cristalinas; y Roboré, conocido como el “Paraíso Escondido”, ideal para explorar las misiones jesuíticas y la riqueza natural del oriente. /ABI





