El liderazgo político se pone a prueba no en los momentos de aplauso, sino cuando surgen las presiones. El presidente Rodrigo Paz Pereira enfrenta desde días atrás uno de esos escenarios complejos, la oposición sindical al Decreto Supremo 5503, una norma que, más allá de la controversia coyuntural, representa una decisión de gobierno orientada a ordenar, reformar y pensar en el interés general del país.
Aunque el ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, casi al finalizar la jornada de domingo, indicó que este lunes no habrá paro pues se reunieron con el sector sindical del autotransporte.
Pero como fuere, ceder ante la presión sindical -en este tema o cualquier otra decisión de gobierno-, sin un análisis técnico serio y sin un debate responsable, significaría retroceder a viejas prácticas que tanto daño le han hecho a Bolivia, gobernar a fuerza de bloqueos, amenazas y chantajes sectoriales. La democracia no puede estar supeditada a la imposición de grupos de poder que, históricamente, han defendido privilegios antes que el bienestar colectivo.
Esto no implica desconocer el derecho a la protesta ni descalificar de plano las preocupaciones de los trabajadores. El diálogo siempre debe ser un pilar del gobierno. Pero dialogar no es claudicar. Escuchar no es retroceder. Gobernar exige tomar decisiones, incluso aquellas que no son populares en el corto plazo, pero que son necesarias para el futuro del país.
Rodrigo Paz fue elegido con un mandato claro de cambio, de institucionalidad y de recuperación del principio de autoridad del Estado. Dar marcha atrás ante presiones sindicales sería enviar una señal equivocada, que el poder no reside en las urnas ni en la ley, sino en la capacidad de paralizar el país.
Bolivia necesita estabilidad, reglas claras y un gobierno que actúe con firmeza y coherencia. El Decreto 5503 puede y debe ser explicado, ajustado sí corresponde, pero no anulado por la fuerza de la calle. Rodrigo Paz no debe retroceder. Hoy más que nunca, el país necesita un Estado que gobierne y no uno que sea gobernado por la presión.





