En Bolivia, y particularmente en Tarija, el incremento sostenido en el precio de las toallas higiénicas femeninas se ha convertido en una preocupación creciente para mujeres de todas las edades. Aunque se trata de un artículo de primera necesidad, su costo continúa elevándose, generando una brecha significativa cuando se lo compara con el salario mínimo nacional, actualmente fijado en Bs 2.362.
Para una mujer con flujo regular, el gasto mensual en toallas higiénicas puede variar entre Bs 25 y Bs 50, dependiendo de la marca, la cantidad de unidades por paquete y la absorción requerida. Sin embargo, durante los últimos meses, consumidores han reportado un aumento promedio de Bs 3 a Bs 7 por paquete, especialmente en productos de marcas reconocidas. Esto, sumado a la gran variedad en el mercado —desde las más económicas hasta las premium—, limita a muchas mujeres a optar por alternativas que no siempre se ajustan a sus necesidades fisiológicas o a su comodidad durante el periodo menstrual.
“No podemos elegir siempre lo que mejor nos funciona, elegimos lo que alcanza”, señala una joven estudiante del barrio San Bernardo, que explica que en cada ciclo menstrual necesita al menos dos paquetes para sentirse segura. Para muchas tarijeñas, este gasto acumulado representa un porcentaje importante de sus ingresos mensuales, especialmente en familias con un solo salario básico.
Aunque en Tarija han empezado a aparecer alternativas ecológicas como las copas menstruales, las toallas de tela reutilizables o la ropa interior absorbente, su costo inicial suele ser más elevado que las opciones tradicionales. Aun así, colectivos y emprendimientos locales destacan que, a largo plazo, estos métodos pueden resultar más económicos y amigables con el medio ambiente. Sin embargo, el acceso a estos productos sigue siendo limitado, ya sea por el precio, la poca disponibilidad o la falta de información.
La menstruación es un proceso natural e inevitable, y la adquisición de productos de higiene debería ser un derecho garantizado, no un lujo condicionado por el presupuesto. Mientras los precios continúan en ascenso, la realidad es clara: las mujeres en Tarija siguen destinando una parte significativa de sus ingresos para cubrir una necesidad básica, en un contexto donde el poder adquisitivo no siempre les permite elegir las opciones más seguras, cómodas o saludables.
El debate sobre la pobreza menstrual vuelve a ponerse sobre la mesa, recordando que el costo de menstruar en Bolivia no solo se mide en bolivianos, sino también en dignidad, salud e igualdad de oportunidades.





