Investigan un hongo intestinal que revierte el daño causado por una enfermedad hepática silenciosa

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Un descubrimiento reciente reavivó la esperanza frente a una de las enfermedades hepáticas más comunes, pero también más invisibles.

Investigadores de la Universidad de Minnesota lograron aislar un hongo intestinal que revierte el daño hepático en modelos animales.

En estudios con ratones, los científicos observaron que un hongo llamado Fusarium foetens no solo logra sobrevivir y colonizar el intestino, sino que además produce una molécula capaz de frenar la progresión de la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica, conocida por su sigla en inglés MASH.

Esta es la forma de una enfermedad ampliamente extendida: el hígado graso no alcohólico (EHGNA), una dolencia que muchas veces avanza sin síntomas y que puede derivar en cirrosis o cáncer de hígado.

El hígado graso es, hoy, una de las principales causas de enfermedad hepática a escala global. Su prevalencia viene creciendo desde hace décadas, impulsada por factores como la obesidad, la diabetes tipo 2 y el consumo excesivo de alcohol.

Lo alarmante es que suele tratarse de una afección silenciosa. En sus primeras etapas, las personas afectadas no presentan síntomas claros, lo que dificulta tanto el diagnóstico temprano como la intervención médica a tiempo.

En paralelo, la forma más grave del hígado graso —la MASH— presenta desafíos clínicos urgentes. Su progresión puede desencadenar complicaciones severas como la fibrosis hepática, la cirrosis y el carcinoma hepatocelular.

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