En Tarija, el caos que provocan muchos motociclistas ha dejado de ser un asunto menor para convertirse en un verdadero problema de seguridad pública. Basta con salir a cualquier calle o avenida de algún barrio para presenciar cómo las motos circulan a toda velocidad, sin respetar semáforos ni señales de tránsito, adelantando por donde les place, incluso por aceras y pasos peatonales, poniendo en riesgo la integridad de todos.
La falta de casco sigue siendo una constante. Muchos motociclistas, incluso con acompañantes o menores de edad a bordo, circulan sin ninguna protección, como si estuvieran exentos de las leyes. A esto se suma el ruido excesivo de escapes libres o modificados, que no solo contaminan acústicamente nuestros espacios, sino que son una muestra más de la cultura del “hago lo que quiero” que lamentablemente impera en este sector.
¿Y dónde están los controles? ¿Dónde están las patrullas de Tránsito? ¿Dónde están las autoridades de turno que debería velar por el respeto a las normas? No se trata solo de colocar retenes esporádicos los viernes o sabados, sino de establecer una política constante de fiscalización, con sanciones efectivas que realmente desincentiven estas prácticas peligrosas. Hoy pareciera que en Tarija manejar moto es sinónimo de hacer lo que a uno le viene en gana, porque saben que la probabilidad de ser sancionados es casi nula.
Por eso este Editorial quiere llamar directamente a la Policía Boliviana y a los uniformados de Transito de Tarija: no podemos seguir esperando a qué ocurran más accidentes para recién actuar. Necesitamos operativos permanentes, decomiso de motos que circulan sin papeles o con escapes ilegales, y multas ejemplares a quienes incumplen las leyes.
A los ciudadanos también nos toca un papel importante cual es denunciar estas infracciones, exigir respeto en las calles y entender que el volante y el manubrio son una responsabilidad enorme. Hoy, la vida de muchos tarijeños está en manos de motociclistas irresponsables. No esperemos lamentar más accidentes incluso cargados con muertes para reaccionar.





