Jessica Hoyos, la tarijeña que viaja de Bolivia a México en moto persiguiendo un sueño de libertad

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Jessica Hoyos, una joven originaria de Yacuiba – Tarija, pero radicada en La Paz desde hace cuatro años, emprendió uno de los desafíos más audaces y emotivos de su vida: viajar sola en moto desde Bolivia hasta México, atravesando países, culturas y paisajes con el corazón lleno de sueños y la mochila cargada de determinación.

“Este proyecto nace originalmente para hacerse en bicicleta”, recuerda Jessica, mientras relata cómo este sueño que parecía lejano y casi imposible, cobró forma luego de una serie de acontecimientos que sacudieron su vida. La pérdida de su gato, la falta de empleo y de vivienda marcaron un antes y un después. “La vida se veía gris durante una temporada”, admite.

 

Pero fue en una conversación con su amigo José Silvestro que el panorama cambió: le sugirió invertir en una motocicleta Hero Xpulse 200cc, de segunda mano. “Así el viaje sería más cómodo y también mucho más rápido que en una bicicleta”, le dijo. Con esta chispa, comenzó a gestarse una aventura que ya ha cruzado medio continente.

En octubre de 2024 iniciaron los preparativos, pero una propuesta de trabajo en el Aconcagua, Mendoza, la llevó a pausar la travesía por unos meses. Allí trabajó en turismo de montaña, y logró varias cumbres, incluyendo el imponente Aconcagua (6.962 msnm) en solitario, el Ojos del Salado (6.893 msnm) en Chile, el Mercedario (6.770 msnm) en San Juan y el Llullaillaco (6.730 msnm) en Salta.

“Con mis ahorros del trabajo en Mendoza, me dije a mí misma, antes de volver a establecerme en La Paz voy a completar este sueño de una vez”, cuenta con firmeza.

Y así, sin saber aún manejar moto, se propuso aprender desde cero durante un mes. Del 1 de abril al 1 de mayo, su vida giró en torno al dominio de su vehículo. Con la ayuda de su amigo José y su familia, pasó días enteros en el taller «Volksur», entrenando sin descanso.

“Viajamos al lago Titicaca, a los Yungas, muchas prácticas yendo a manejar hacia El Alto, y también en el centro paceño en hora pico”, relata con orgullo, recordando las pruebas de fuego que enfrentó para prepararse.

Cuando se le pregunta si tiene miedo de viajar sola, Jessica no titubea:
“Me daría más miedo estar rodeada de gente que no comprende este viaje que no es solo recorrer kilómetros, sino también un profundo viaje hacia mi interior”.

Su plan es recorrer aproximadamente 400 kilómetros diarios, aunque hace pausas para conocer ciudades y conectar con la gente. Y ha sido precisamente esa conexión humana lo que más la ha sorprendido.
“En solitario estás obligado a valerte por vos mismo, pero también a gozar de la amabilidad y hospitalidad de las personas. Hay mucha gente buena, los buenos siempre son más”, dice emocionada.

Ya lleva 5.000 kilómetros recorridos, ha pasado por Perú, Ecuador y Colombia, y ahora se encuentra en Medellín, planeando el próximo tramo hacia Panamá, superando el desafiante Tapón del Darién.

“Viajo sola pero estoy más acompañada que nunca”, asegura. Gente que la invita a comer, que se detiene a ayudarla cuando la moto le gana en peso, que simplemente quiere escuchar su historia. Incluso en Cuenca, Ecuador, gracias al contacto de un viajero argentino, le regalaron el mantenimiento completo de su moto.

Jessica no cuenta con auspicios ni patrocinios. No pide nada, solo sigue su instinto y su deseo de explorar.

“El casco se convierte en tu psicólogo. La moto, en mi cómplice. El camino, en mi escuela”, reflexiona.

Una de sus anécdotas favoritas ocurrió en Ecuador, cuando conoció a Dani, un joven colombiano con quien viajó hasta las espectaculares cascadas de El Pailón del Diablo. También destaca el acompañamiento de don José, que la escoltó hasta la frontera con Colombia, o de Juan, quien le mostró el Valle del Cocora, un lugar que soñaba conocer.
“La vida está llena de ángeles”, asegura.

Su mensaje para otras mujeres es claro, firme y esperanzador:
“El miedo viene de los miedos de otras personas. No sé cómo hice, pero apagando esa voz vienen muchas cosas geniales al otro lado de ese silencio”.
“La autoestima, la seguridad y el instinto se construyen”, dice con voz serena pero decidida. “La vida nunca te pondrá sueños que no seas capaz de realizar. Si podés soñarlo, podés hacerlo”.

Quienes deseen seguir su aventura pueden encontrarla como @wistu.vida en Instagram y como @Wistu-Vida en YouTube, donde comparte fragmentos de este viaje que es físico, emocional y espiritual.

Jessica no solo está recorriendo kilómetros. Está atravesando su propia historia con coraje, sensibilidad y una libertad que inspira.

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