por: Diego Hernán Moscoso Sanginés Uriarte
En Bolivia, el Modelo de Economía Plural consagrado en la Constitución, reconoce las formas de organización económica Estatal, Privada, Comunitaria y Social Cooperativa, además, a las economías campesinas, artesanal, trabajadores por cuenta propia, gremiales y asociaciones de pequeños productores. Según Loza (2013)1 , la “formación económica social boliviana es compleja y heterogénea”, porque coexisten “distintos modos de producción capitalista y pre capitalistas”, con distintas formas de articulación al mercado nacional e internacional (p. 39).
A modo de complementar la descripción de Loza, se puede considerar a la organización económica social cooperativa, como una forma económica post capitalista. De esa manera, la formación económica social se compone de distintos “modos de producción” pre capitalistas, capitalistas y post capitalista, o también se podría decir que, la economía boliviana es la combinación de relaciones de producción capitalistas y no capitalistas.
Respecto a considerar a las empresas social cooperativas como una forma económica post capitalista, Marx (2009)2 comenta que:
Las fábricas cooperativas de los trabajadores […] demuestran cómo, alcanzada cierta fase en el desarrollo de las fuerzas productivas materiales y de las formas sociales de producción que les corresponden, se desarrolla y forma, de manera natural, un nuevo modo de producción a partir de otro modo de producción […] aunque es natural que por doquier reproduzcan y deban reproducir, en su organización real, todos los defectos del sistema imperante [capitalista]. (p.567).
Cabe señalar que la forma de organización económica “social cooperativa” incluye a las denominadas “empresas sociales”, cuya característica principal es la reactivación económica de empresas cerradas, quebradas, abandonadas o en proceso de liquidación, en las que sus trabajadores y trabajadoras asumen la administración y propiedad de dichas empresas. Aquella modalidad empresarial se conoce mundialmente como autogestión obrera.
En ese sentido, Ruggeri (2009)3 dice: “cuando hablamos de autogestión [obrera] nos referimos a la gestión de los trabajadores sobre una unidad empresarial prescindiendo de capitalistas y gerentes y desarrollando su propia organización del trabajo, bajo formas no jerárquicas”. Añade que, “la historia de la autogestión obrera como búsqueda de otra práctica económica de principios solidarios y fuertemente cuestionadora o directamente antagónica del sistema capitalista aparece más relacionada con importantes conflictos obreros” (pp.29-32).
Entonces, es posible señalar que la “formación económica social” de Bolivia en el siglo XXI, es “heterogénea” coexistiendo “distintos modos de producción” (Loza, 2013): pre capitalistas, capitalistas y post capitalistas. En concreto, las relaciones de producción pre capitalistas son: Comunitarismo, Artesanado, Organizaciones Campesinas, Trabajadores por Cuenta Propia. Las relaciones de producción capitalistas: Micro, pequeñas, medianas y grandes empresas capitalistas, sean de propiedad unipersonal, por acciones, mixtas y estatales bajo relación salarial. Finalmente, las relaciones de producción post capitalistas: Empresas Cooperativas, y las Empresas Sociales – autogestionadas por sus trabajadores y trabajadoras. Sin embargo, pese a su relevancia, las economías alternativas han sido relegadas en los ámbitos económico, político, académico y social.
A nivel internacional, la crisis económica de los años 2007-2008 en EEUU y Europa, puso en tela de juicio el modelo neoliberal con amplios rechazos sociales y demandas por nuevas alternativas económicas y políticas que superen las falencias del modelo imperante y del régimen capitalista de producción. Aquella efervescencia social despertó el interés por las economías alternativas tanto a nivel académico, político y como práctica social.
En ese sentido, se recuperaron conocimientos teóricos desarrollados durante los siglos XIX y XX y surgen nuevos conceptos y categorías para explicar las relaciones de producción no capitalistas, con críticas a las teorías económicas convencionales. De esa manera, los diálogos académicos giran en torno a la definición conceptual de las categorías de Economía Social, la Economía Solidaria y la Economía Popular.
La difusión y ampliación de los espacios de análisis, estudio e investigación logró irradiar la importancia y necesidad de consolidar las dinámicas socio económicas de las otras economías, traduciéndose en acciones concretas a niveles institucionales, tanto gubernamentales como supra nacionales, como la Organización Internacional del Trabajo que asume el liderazgo global en el impulso para el desarrollo de la Economía Social y Solidaria.
Así mismo, la comunidad universitaria a nivel internacional decide participar activamente en éste nuevo paradigma socio económico, creando y habilitando contenido académico especializado en la temática para formar profesionales aptos para contribuir en el desarrollo de las economías alternativas. Por ejemplo, en Argentina crearon la Red Universitaria de Economía Social y Solidaria (RUESS), en Brasil, mediante la Secretaría Nacional de Economía Popular y Solidaria (SENAES) del Ministerio de Trabajo, se conformó el Programa de Formación en Economía Popular y Solidaria “Paul Singer”.
Sin embargo, Bolivia aún no se integró en el proceso formativo en el que participan el resto de los países de la región, quedando rezagada en el contexto internacional, lo que afecta directamente a los estudiantes y profesionales del área económica al no brindarles la posibilidad de acceder al estudio formal de las economías alternativas, cuyas consecuencias son la formación de profesionales que carecen de las competencias, conocimientos, habilidades y aptitudes que respondan a las necesidades socio económicas del país, y la desventaja en el mercado de trabajo internacional.
Para revertir esta situación, es fundamental que las universidades bolivianas incorporen asignaturas de Economía Social, Solidaria y Popular en sus mallas curriculares, así como programas de postgrado que aborden estos temas de manera integral. Asimismo, es urgente la creación de un observatorio nacional que impulse investigaciones y propuestas políticas orientadas a fortalecer estas economías. Finalmente, el Estado debe asumir un rol más activo, diseñando e implementando políticas públicas que promuevan la Economía Social, Solidaria y Popular como ejes del desarrollo nacional. Según el Grupo de Trabajo Interinstitucional de las Naciones Unidas sobre la Economía Social y Solidaria (UNTFSSE, 2014), estas políticas son fundamentales para alcanzar un desarrollo inclusivo y sostenible, fortaleciendo el tejido social y económico.
1 Loza, Gabriel, (2013,).” Bolivia: El modelo de economía plural”. Ediciones Vínculos, La Paz, Bolivia. 2 Marx, Karl (2009). “El Capital, Tomo III, VOL 7” Ed. Siglo XXI, México. 3 Ruggeri, Andrés, Compilador: “Las empresas recuperadas: autogestión obrera en Argentina y América Latina”, Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina, 2009.
Es economista de la UAGRM





