EDITORIAL: La Exposur de Tarija…

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Van varios muchos años que intentamos posicionar un evento que sin duda ha crecido exponencialmente pero que parece haber encontrado ya su techo. La ExpoSur, esa vitrina a través de la cual se puede ver Tarija, quienes somos, que tenemos, que ofrecemos al país y al mundo. Esa puerta por la que deben entrar quienes quieren invertir y hacer negocios en esta tierra y por la que deben salir nuestros productos hacia otros mercados.

Del primer ‘experimento’ en las instalaciones de la Base Aérea al actual campo ferial de San Jacinto hay importante distancia en cuanto a infraestructura y organización, de los toldos azules que se veían al principio a pabellones que dan mayor presencia y comodidad a expositores y visitantes. Pero ese no debe ni puede ser el referente para decir que la ExpoSur ganó peso específico y cumple con sus objetivos de fondo ya que deberíamos tener otros elementos para medir los resultados. Y es tener informes estadísticos y hacer seguimientos que nos indiquen si efectivamente nos está sirviendo para mostrar lo que tenemos, para atraer inversiones, para que empresarios del interior y del extranjero cierren negocios con los locales, si producto de estos años de experiencia se crearon nuevas empresas, se generaron fuentes de trabajo, etcétera y etcétera.

No podemos solo mirar lo lindo que está el campo ferial, que construyeron uno o dos tinglados más, que los expositores se preocupan más por sus stands, que las azafatas están mejor presentadas, que hay más baños, que llegan artistas internacionales, que hay música y danza. Si eso es lo que valoramos y destacamos, está bien, impulsemos la ExpoSur como un evento de actividades sociales -una gran kermesse- y diversión en el calendario del mes de octubre pero aún así generemos una alternativa que llene los vacíos que quedan en otros aspectos más importantes.

Si todavía la intención es que la Expo sea lo mencionado en primera instancia, nos falta más que mucho y ya es tiempo de proyectarla de una forma distinta. No desmerecemos lo que sea intentado hacer, tal vez se equivocaron los caminos. Indudable que la feria en sí, encierra una contradicción desde su inicio, la influencia estatal en la organización más ha perjudicado que ayudado pero en un mercado como este de industrias pequeñas o medianas, en algunos casos muy conservadoras, hubiera sido imposible que el empresariado privado se ocupe de esta responsabilidad. En otras palabras, que la Prefectura en su momento y luego la Gobernación haya sido y sea respectivamente el motor de la feria era y es un mal necesario con todas las observaciones que pudieran existir. Lo que sí queda claro es que no hemos aprovechado adecuadamente la otrora bonanza económica para proyectar la ExpoSur de otra manera y hacia otros horizontes.

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