EDITORIAL: La IA es una cuestión muy presente en la gente pero se debe regular el desarrollo de esta tecnología

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El 30 de noviembre de 2022, OpenAI lanzó ChatGPT, este chatbot de inteligencia artificial (IA) es una tecnología capaz de simular el razonamiento humano y generar diferentes tipos de textos e imágenes, se puso a disposición de todo aquel que quisiera utilizarlo. Desde entonces la IA se ha convertido en una cuestión muy presente en la gente, al tiempo que se originó un debate entre científicos, pensadores, propietarios de grandes empresas tecnológicas y por ende gran parte de la ciudadanía. Como apuntan voces diversas, tiene la eclosión de la IA una parte de operación de marketing y resulta también un gran experimento social, ya que el uso de herramientas como ChatGPT por parte de millones de ciudadanos supone alimentarlas con una ingente cantidad de datos, algo que hace que mejoren sus resultados, pero que tambien ya algunas figuras públicas prohibieron la utilización de sus datos.

Las espectaculares funciones de la inteligencia artificial conversacional, así como la de los programas de creación de imágenes a partir de las indicaciones del usuario, han suscitado temores sobre la magnitud de los cambios que provocarán este tipo de tecnologías. Porque si una cosa parece clara es que su impacto va a ser profundo y puede transformar nuestras vidas y modelar nuestras sociedades. A ello hay que añadir que la IA está demostrando una velocidad de progresión y desarrollo inusitada.

Impulsada por las grandes compañías como Microsoft o Google, la IA está recibiendo una auténtica marea de millones en inversión. Esta tecnología se ha convertido en el objetivo prioritario de los grandes gigantes del sector.

Ante el innegable reto es importante no dejarse llevar ni por la fascinación acrítica ni por el miedo irracional. Pero hay que tener en cuenta que no es posible en este momento saber adónde nos conducirá la IA. Nuestras sociedades, a través de sus representantes políticos, deben ‘regular y encauzar el desarrollo esta tecnología’, distinguiendo entre aquellos peligros que son reales a corto y mediano plazo, y aquellos que se basan en meras especulaciones.

Pese a que la velocidad a que avanza la IA añade dificultad a la acción regulatoria, en modo alguno nuestros representantes pueden dejar exclusivamente en manos del mercado, es decir, de los grandes corporaciones, tecnologías como la IA. Es del todo pertinente y necesario, por tanto, exigir a las autoridades nacionales y representantes internacionales, que actúen decididamente y eviten que nuestro futuro colectivo sea diseñado por los intereses de los gigantes tecnológicos.

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