EDITORIAL: Los periodistas y los medios 

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El periodista boliviano y los medios de comunicación social que van juntos, son considerados como la cuarta fuerza, llámese de Estado o política, aunque sus miembros no sean siempre periodistas porque representan la opinión y el pensamiento de la comunidad y, reclaman el respeto a la libertad de acción e ideas no traumáticas, con objeto de ejercer determinado control sobre el Estado y sobre la misma sociedad. La esencia de la función del periodista es el derecho que tiene el ciudadano de estar informado sobre los acontecimientos que la afectan.

El periodista y los medios por su poder e influencia cumplen funciones que normalmente, dentro de la democracia, les correspondería a los partidos políticos; sin embargo, en los últimos años sus trabajos están fuertemente amenazados por quienes no comprenden su labor y, por quienes han detentado y detentan el poder, aunque éstos saben que somos un instrumento de la democracia y agentes importantes para el desarrollo económico.

En ese campo, el periodista a través de las columnas en los medios digitales, impresos, radio y televisión, tienen gran influencia para ver la creación de nuevos mercados, la adopción de innovaciones, el desarrollo de la ciencia y la tecnología. También somos capaces de crear interés, motivar, ayudar a la fijación de metas y objetivos de desarrollo y, de mantener a las comunidades y a la sociedad misma interesada en su progreso y la solución de sus problemas.

El periodista y los medios están inmersos dentro de los agentes principales del cambio de valores como la religión, la escuela, la familia y organizaciones laborales porque estamos configurando el mundo valorativo del pueblo que se debate en angustias y problemas. Por todo esto, lo periodistas estamos obligados en la correcta operación de ser agentes del cambio para la creación de utilidad integral, apertura, seguridad, responsabilidad y consistencia.

Es preciso reconocer, además, que la responsabilidad bien compartida, nos obliga a actuar con ética, apegándonos a la credibilidad para no caer en el descrédito, haciendo entender a los líderes del Estado que actuamos con sensatez para no ser maltratados por nuestra función que nos fijó la sociedad.

El señalar los problemas, las angustias, las dificultades y los actuales agravamientos, conjuntamente con la búsqueda de soluciones operativas y posibles, encierran profunda fe en el futuro aunque existen situaciones complejas que tienden a agravarse por el irracional comportamiento de los que están en el poder circunstancial u organizaciones sociales que no conocen en profundidad nuestra misión.

Con lo expuesto, nos permitimos  llegar a los colegas, especialmente jóvenes, para expresar que nuestra profesión no siempre es llena de ‘colores’ porque transitamos por caminos de obstáculos. También pedimos a ellos no bajar la cabeza ni doblar las rodillas ante la arremetida de voces discordantes, ni acciones de fuerzas de grupos beligerantes que intentan callar nuestras voces que son de aliento para el pueblo.

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