Mas allá del resultado, lo anecdótico del partido Bolivia vs Argentina jugado días atrás, fue ver en las tribunas a mucha gente enfundada en la polera albiceleste o flameando la bandera argentina, situación esta que nunca se dio y donde más bien estábamos acostumbrados a ver gente vestida con la Verde, ondeando la tricolor boliviana y escuchar -algunos con orgullo, otros esbozando una sonrisa- el característico cantico de “Bobobo-lilili-viaviavia… viva Bolivia”.
Esta vez los 90’ minutos del encuentro fueron muy diferentes, si bien no estuvo ausente del todo el apoyo al seleccionado de Bolivia, si hubo mucha/harta gente apoyando a la selección de Argentina y lo que llamó la atención, es que esta ‘hinchada’ fue boliviana y por eso es que tocamos este tema, en esta columna Editorial.
Dejando a un lado de que algunos digan que el fútbol es el fútbol, que el fútbol es para divertirse, que el fútbol es para compartir, que el fútbol es alegría, que el fútbol es desestrés o que el fútbol hermana pueblos, lo que se debiera tomar en cuenta, es que aquí no estamos hablando de equipos de una Liga o de clubes que nos puedan gustar, ya sea de nuestro país, sudamericanos o europeos, aquí estamos hablando de una Selección Nacional y de un plantel que representa a todo un país, él que no se identifica con su país es simplemente un antipatria y la verdad que esto duele y mucho.
Esta anómala situación, hizo que mucha gente en las redes sociales no solo hable del frustrante resultado de 5-1, del entrenador Costas o de los jugadores, sino también se debata y mucho, del absurdo apoyo a la selección Argentina y al jugador Messi por parte de los bolivianos e incluso por autoridades electas como el alcalde paceño.
Ante esto los bolivianos debemos repensar lo sucedido en el último encuentro de nuestra selección nacional, pues nos puede desunir la política, pero no nos puede separar el amor por Bolivia, eso es algo que no esta bien y que no tiene argumentó alguno de justificación.
Evidentemente que no se pretende justificar que por esta insólita situación, se diere el resultado catastrófico que terminó en una inesperada goleada, pues mal que mal estábamos acostumbrados a ganar en la ‘altura’ paceña, pero viendo lo único positivo –si vale el término- con este partido se cayó/agotó el debate del ‘mito de la altura’.
Y finalmente no tenemos que pasar por alto, el hecho de que Bolivia está en el corazón de Sudamérica, donde tiene que jugar no solo eliminatorias sino ‘prácticamente finales’, con rivales fuertes que son campeones del mundo, como Brasil, Argentina, Uruguay, etcétera, etcétera, que hacen verdaderamente difícil la clasificación a un Mundial, si no hay un trabajo duro/profesional y un apoyo económico/moral. Punto





