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jueves, 29 / septiembre / 2022

Científicos chinos piden centro especial que proteja a primeros bebés editados genéticamente del mundo

Dos destacados bioeticistas chinos han pedido al Gobierno de China medidas de vigilancia y protección para los primeros bebés editados genéticamente del mundo –resultado de un experimento condenado mundialmente–, así como para sus descendientes.

Qiu Renzong, profesor de filosofía de la Academia China de Ciencias Sociales, y Lei Ruipeng, bioeticista de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, han redactado una propuesta que explora la idea de crear una organización especial de investigación y atención, que podría llamarse Centro de Investigación y Atención de la Edición del Genoma Humano, para cuidar y estudiar a los «bebés CRISPR», o niños a los que se les han editado sus genes, informa Nature.

Preocupación por vigilancia innecesaria de los niños

Según la publicación, los científicos han acogido con satisfacción el debate, pero a muchos les preocupa que el planteamiento de ambos conduzca a una vigilancia innecesaria de los niños.

«Las protecciones especiales también podrían traducirse en una vigilancia más intensa», declaró a la revista Eben Kriksey, antropólogo médico del Instituto Alfred Deakin.

Por su parte, hay quienes dan la bienvenida al debate: «Se trata de un documento importante», y una medida bien recibida por los investigadores chinos, afirma Gaetan Burgio, genetista de la Universidad Nacional de Australia en Canberra.

Embriones editados genéticamente en 2018 por He Jiankui

La propuesta se adelanta a la posiblemente inminente salida de prisión de He Jiankui, el investigador de edición genética de la Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur de China en Shenzhen, que en 2018 conmocionó al mundo al anunciar que había creado bebés con genomas alterados.

Las acciones de He fueron ampliamente condenadas por científicos a nivel mundial, que pidieron una moratoria global sobre la edición de embriones destinados a la implantación.

La posible salida de prisión de He, que fue condenado a tres años en diciembre de 2019, ha reavivado la preocupación por el estado de los bebés editados genéticamente, entre los que se encuentran unas gemelas llamadas Lulu y Nana y otra llamada Amy.

Analizar genomas en busca de «anormalidades»

El artículo, que aún no se ha publicado pero que ha sido visto por Nature, afirma que podrían haberse producido errores durante el proceso de edición de genes. Por ello, los autores creen que lo mejor sería que los genomas de los niños sean secuenciados regularmente y analizados en busca de «anormalidades» y garantizar así su seguridad.

Qiu explicó al Global Times que las técnicas de edición de genes son inmaduras en la etapa actual, con una alta tasa de desviación del objetivo y posibles anormalidades incluso si se alcanza el objetivo. En particular, las anormalidades pueden transmitirse a través de la reproducción a sus hijos y a los hijos de sus hijos.

El futuro de los bebés

En cuanto al futuro de los bebés, según informa el Global Times, los científicos proponen que, una vez cumplidos los 18 años, estos deben ser informados por sus padres, con la asistencia de los correspondientes profesionales de la genética, de que su genoma ha sido editado.

Qiu y Ruipeng también recomiendan que He contribuya a los gastos médicos de los niños y asuma la responsabilidad financiera, moral y legal principal de su salud y bienestar, junto con la Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur de Shenzhen, a la que He estaba afiliado, según la revista.

A medida que la tecnología de edición de genes se perfeccione, es muy posible que esta llegue a estar disponible comercialmente, lo que significa que nacerán más niños editados genéticamente. Por este motivo, entender los riesgos ahora es una de las motivaciones centrales de quienes acogieron con satisfacción las propuestas de los científicos chinos.

Los tres niños de China «no serán los últimos» bebés con genomas editados, dice Ayo Wahlberg, antropólogo especializado en tecnologías reproductivas de la Universidad de Copenhague.

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