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domingo, 22 / mayo / 2022

Lo que los piojos de las momias revelan sobre las poblaciones de Sudamérica de hace 2.000 años

En una icónica escena de «Parque Jurásico» de Steven Spielberg, el filántropo millonario John Hammond y un séquito de científicos encuentran un mosquito fosilizado en ámbar. El hallazgo sirve para extraer el ADN de los dinosaurios conservado intacto por más de 65 millones de años.

Claro que aquella es una película de ciencia ficción. «De hecho, no puedes extraer ADN preservado en ámbar», le dice María Alejandra Perotti, profesora de biología de invertebrados en la Universidad de Reading, Inglaterra.

Pero eso no significa que la técnica en sí no sea factible. Es lo que precisamente ha logrado Perotti, quien como Hammond pudo extraer ADN, pero no con dinosaurios y mosquitos, sino con humanos antiguos y piojos.

Perotti, una argentina que lleva casi 20 años trabajando en Inglaterra, estudia la importancia científica e histórica entre invertebrados (más especícamente piojos) y humanos para responder una de las interrogantes que todos nos hemos hecho: de dónde venimos.

Pero lleva el tema a un plano más regional: ¿cómo se pobló Sudamérica?

Un grupo de científicos de cinco universidades coordinado por ella descubrieron que el «cemento» que utilizan los piojos para adherir sus liendres (huevos) al cabello de las personas resultó ser una fuente de información genética «de muy buena calidad» de momias de hasta 2.000 años encontradas y preservadas en San Juan, Argentina, cerca de la cordillera de los Andes.

A diferencia de los humanos modernos, nuestros antepasados no tenían métodos eficaces para librarse de los piojos, que podían causar verdaderas infestaciones en el cuero cabelludo y la ropa.

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