La aparición de nuevas variantes alejó la meta de terminar con la pandemia

Desde el comienzo de la pandemia por COVID-19, la ciencia puso el foco en el desarrollo de vacunas seguras y eficaces para terminar con la crisis sanitaria que tiene al mundo en vilo.

En el camino, el SARS-CoV-2 en su natural afán por sobrevivir, mutó y dio origen a lo que se conoce como variantes, y que ahora preocupan a los expertos por su capacidad de transmitirse respecto a la cepa original.

Un amplio estudio realizado en Ontario, Canadá, confirmó que las variantes preocupantes del SARS-CoV-2, especialmente la variante Delta, son más virulentas que la cepa original del virus, lo que aumenta el riesgo de hospitalización, ingreso en la unidad de cuidados intensivos (UCI) y muerte de las personas debido al COVID-19.

Los resultados del estudio, que incluyó 212.326 casos de COVID-19 notificados entre el 7 de febrero y el 26 de junio de 2021 en Ontario, la mayor provincia de Canadá, con una población de casi 14,8 millones de habitantes fueron publicados en el Canadian Medical Association Journal (CMAJ) y aseguran que “las variantes que preocupan son las que tienen la mutación N501Y, como la Alfa, la Beta y la Gamma, así como la Delta, que sustituyeron a la cepa original del SARS-CoV-2″.

Del total de casos analizados, el 22,4% no eran variantes preocupantes, el 76,7% eran infecciones con mutaciones N501Y y el 2,8% eran probables Delta. En abril de 2021, la variante Delta estaba presente en Ontario y era la cepa dominante en julio de 2021.

La aparición de nuevas variantes de SARS-CoV-2 ha ralentizado el progreso contra la pandemia de tres maneras distintas, a saber, aumentando la transmisibilidad y el número de reproducción del virus, aumentando el escape inmunológico y disminuyendo la eficacia de la vacuna, y aumentando la virulencia de la infección por SARS-CoV-2″, escribieron en sus conclusiones los coautores, los doctores David Fisman y Ashley Tuite, de la Escuela de Salud Pública Dalla Lana de la Universidad de Toronto.

Para ellos, “el aumento progresivo de la transmisibilidad y virulencia de los COV del SARS-CoV-2 dará como resultado una pandemia significativamente mayor y más mortal que la que habría ocurrido en ausencia de la aparición de COV”.

Según esta investigación, las personas infectadas con estas variantes eran significativamente más jóvenes y tenían menos probabilidades de sufrir comorbilidades que las que no tenían infecciones por estas variantes.

Y mientras en el caso de las infecciones por las variantes Alfa, Beta y Gamma, el riesgo de hospitalización era un 52% mayor, el de ingreso en la UCI era un 89% mayor y el de muerte era un 51% mayor, los expertos resaltaron que en el caso de las infecciones Delta, el riesgo era un 108%, un 235% y un 133% mayor, respectivamente. Incluso después de ajustar por edad, sexo, comorbilidades y otros factores, el mayor riesgo de resultados adversos persistió.

Los investigadores también examinaron el efecto de la vacunación, que atenuó la gravedad de las variantes al reducir el riesgo de enfermedad grave y muerte en las personas parcial y totalmente vacunadas.

“Los efectos aquí descritos representan un grado sustancial de protección contra la muerte conferido por las vacunas (alrededor del 80%-90%), incluso cuando no logran prevenir la infección. Tales efectos protectores directos pueden contribuir a reducir las repercusiones sanitarias de la actual transmisión del SARS-CoV-2 en Ontario, incluso si la inmunidad de rebaño resulta esquiva, dado el elevado número de reproducción de las variantes”, aseguraron los autores.

Los resultados de la investigación se suman a estudios similares realizados en Inglaterra, Escocia y Singapur, que indican que la variante Delta aumenta el riesgo de uso de los servicios de urgencias, hospitalización y resultados graves.

En un editorial relacionado, la doctora Kirsten Patrick, redactora jefe interina del CMAJ, instó a los dirigentes a utilizar todas las herramientas disponibles para controlar la propagación del SARS-CoV-2 a medida que se acerca un segundo invierno pandémico de COVID-19.

Estamos luchando contra una pandemia diferente a la que se enfrentó a principios de 2020 -consideró-. El virus se ha vuelto más inteligente y más peligroso, lo que significa que nosotros también tenemos que ser más inteligentes. Debemos aprender colectivamente de los errores del pasado y asegurarnos de utilizar todas las herramientas a nuestra disposición para evitar futuros cierres y prevenir una mayor devastación de nuestra infraestructura sanitaria”.

En su último informe, la Organización Mundial de la Salud (OMS) evidenció que la variante Delta, presente en 185 países, sustituyó en gran medida a las otras tres variantes preocupantes, Alfa, Beta y Gamma, que ahora representan cada una menos del 1% de los casos secuenciados.

Esto se suma a un reciente informe que indica que las personas infectadas con COVID-19 en su variante Delta corren cerca del doble de riesgo de ser hospitalizadas respecto a aquellas contagiadas con la versión Alfa, según un amplio estudio publicado recientemente en la revista The Lancet Infectious Diseases.

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