Las personas que no usan barbijos en ambientes interiores tiene el doble de riesgo de tener el COVID-19

Los barbijos o mascarillas se empezaron a utilizar en Occidente tras la propagación rápida del coronavirus. La recomendación de la Organización Mundial de la Salud después de varios meses de evaluar la evidencia sobre su utilidad es que el barbijo debe incorporarse como parte de una estrategia integral de medidas para evitar el contagio y salvar vidas. Pero más de 18 meses después de la pandemia, hoy algunos países han liberado la obligación de usarlos al aire libre, y hay más relajamiento de la población en adoptarlos cuando las personas se encuentran en ambientes cerrados.

Sin embargo, un relevamiento realizado por la Oficina de Estadísticas Nacionales del Reino Unido puede ser un recordatorio sobre la necesidad de que aún se tienen que usar los barbijos de manera adecuada dentro de los espacios cerrados, como casas, oficinas, escuelas, hospitales, bares y restoranes, entre otros lugares.

Esa institución pública informó que los británicos que no utilizan mascarillas en interiores tienen hasta el doble de probabilidades de dar positivo en el testeo para el COVID-19, en comparación con las personas que las llevan siempre. Es decir, las personas que no usan el barbijo dentro de los espacios cerrados se contagian más el coronavirus.

Entre las personas que participaron en el relevamiento y que afirmaron llevar a veces una mascarilla en interiores, las cifras sugieren que tienen un tercio más de probabilidades de infectarse.

En el Reino Unido, el Primer Ministro Boris Johnson había dispuesto que el uso de mascarillas fuera opcional en el Día de la Libertad en julio, a pesar de que los principales científicos habían recomendado que siguieran siendo obligatorias. “El uso de tapabocas será voluntario en todos los entornos”, anunció el 19 de julio pasado Johnson. Se basó en que sus asesores sostenían que el programa de vacunación había ayudado a disminuir el vínculo entre los casos de COVID-19 y las internaciones hospitalarias.

“Si no podemos abrir nuestra sociedad en las próximas semanas, debemos preguntarnos cuándo podremos volver a la normalidad”, dijo en ese momento Johnson en una conferencia de prensa. Pero durante ese mes Gran Bretaña experimentó un fuerte aumento de los casos de COVID-19 en julio, ya que la variante Delta se extendió rápidamente, lo que llevó a que cientos de miles de trabajadores recibieran la orden de permanecer en sus hogares.

Si bien los casos de personas con la enfermedad COVID-19 fueron aumentando desde julio hasta ahora, se observó una gran diferencia entre la ola actual de la pandemia -la tercera ola en ese país- en comparación con la segunda ola que se produjo entre diciembre y enero pasado. Si bien crecieron los casos, el número de fallecidos durante la tercera ola no ha creció abruptamente como ocurrió durante la segunda ola, y una de las principales razones fue el avance del plan de vacunación. Hoy, en el Reino Unido, el 67% de la población tiene el esquema completo de vacunación contra el COVID-19.

El uso de una mascarilla por sí sola no basta para proporcionar una protección adecuada contra la COVID-19, según la OMS. Debe utilizarse como parte de una estrategia integral de medidas incluyendo la ventilación cruzada en los espacios interiores, el lavado frecuente de manos, y el distanciamiento.

Las mascarillas ayudan a detener la propagación del coronavirus al atrapar las minúsculas gotas y aerosoles exhalados por las personas infectadas (incluso las que no tienen síntomas). Es decir contribuyen a contrarrestar la vía principal de transmisión del coronavirus. La persona afectada puede emitir los aerosoles con el virus al respirar, hablar, gritar, o al cantar, y así contagia a los que comparten el mismo aire.

Al ser tan pequeños, los aerosoles con el virus pueden permanecer flotando en el ambiente incluso durante horas, como ocurre también con el humo del cigarrillo con tabaco. El virus puede quedar suspendido en el aire varias horas, y así otras personas pueden quedar expuestas a la infección.

El análisis de la Oficina de Estadísticas Nacionales del Reino Unido se basó en los datos de su informe semanal de vigilancia COVID-19. Estudió a las personas que dieron positivo en los hisopados entre el 29 de agosto y el 11 de septiembre. Se descubrió que las personas que dijeron no llevar nunca mascarillas en el interior tenían hasta un 98% más de probabilidades de dar positivo que las que dijeron llevarlas siempre.

Algunos de los encuestados no necesitaron mascarillas durante el periodo de estudio porque se aislaron en casa. En el estudio participaron más de 110.000 personas, de las cuales la gran mayoría, 97.000, dijeron que seguían usando mascarillas. Hubo 869 casos positivos entre los que siempre llevaban mascarilla (0,9%). Entre las personas que nunca llevaban máscaras, 136 de 7.500 dieron positivo (1,8%), y entre las que las llevaban a veces, 104 de 9.100 obtuvieron Covid (1,1%).

En la actualidad, Inglaterra no exige el uso de mascarillas, pero sí en el transporte de Londres. El organismo público Network Rail informó días atrás que sólo el 20% de los pasajeros del ferrocarril siguen llevando mascarillas en las principales estaciones de Inglaterra ahora que ya no es obligatorio. Antes de que se levantaran las restricciones en Inglaterra el 19 de julio, esa cifra era del 80%.

Los pasajeros siguen teniendo que llevar mascarillas para subir a los autobuses y otros transportes públicos de Londres. Se supone que es una condición para el transporte, como el pago de un billete. Pero algunos sindicatos que representan a los trabajadores del transporte afirman que también se ha reducido el uso del barbijo en los servicios de Transporte de Londres. Mike Lynch, del sindicato RMT, advirtió que “a medida que más gente vea que otros no cumplen, la situación se agravará rápidamente durante el otoño”. Mick Whelan, del sindicato Aslef, promueve que haya más uso de mascarillas para proteger a los pasajeros y al personal de COVID-19 durante el próximo invierno boreal.

En abril pasado, un estudio científico publicado en la revista PLOS ONE había demostrado que se había registrado un descenso de los contagios en los estados donde la población adhirió al uso del barbijo en más del 75% en los Estados Unidos. El trabajo había sido realizado por Charlie Fischer y sus colegas de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston en Massachusetts.

En EEUU, los distintos estados han promulgado diferentes normas sobre el uso de mascarillas o barbijos desde el inicio de la pandemia. Los investigadores quisieron entender la relación entre el uso de barbijos y las tasas de infectados. El análisis demostró que entre los 15 estados que no exigían el uso de barbijo en espacios públicos, 14 tenían tasas elevadas de COVID-19.

Mientras tanto, ocho estados tenían tasas de adhesión autodeclaradas del 75% o más, y ninguno de estos estados tenía una tasa alta de COVID-19. Los estados con las tasas de adherencia más bajas tenían la mayor probabilidad de tener tasas altas de COVID-19 en el mes siguiente.

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