LA VIOLENCIA Y LA AMENAZA COMO POLÍTICA

Por todo el mundo se pone de moda el amenazar y destruir al oponente, sea ideológico, económico o militar, como forma de hacer política. Eso marca un regreso de las mentalidades cavernarias que durante miles de años, simplemente se enfrentaban con violencia mediante sangre, para resolver todas las diferencias posibles en las tribus y los reinos. La lógica era el enfrentamiento brutal, como lenguaje real de la política. Ese regreso de hacer política percibimos en las relaciones de la OTAN con Rusia, y viceversa, mostrando los dientes cavernarios de las armas, como los palos y lanzas de hace milenios. Por América Latina de la misma manera, ante el fracaso de las políticas públicas de los últimos años, resurgen violentas formas de hacer política cavernaria, totalitaria y destructiva como hace miles de años demostraron los ancestros  humanos.

 

El hombre sigue siendo cavernario en política. No ha evolucionado su cerebro sustancialmente al respecto. En cambio, paradójicamente, tecnológicamente ha progresado impresionantemente, hasta casi conseguir dominar la física cuántica. Está soñando en conquistar el cosmos y sigue siendo un cavernario destructivo políticamente. El fin justifica los medios es el rezo mundial de la política actual. Los Trumps y otros tantos ignorantes brillan increíblemente en la política mundial. En nuestro patio también abundan ese tipo de seres humanos, ante la pasividad de las mayorías.

 

El poder desde siempre fue el artífice para desequilibrar incluso mentes de santos, mentes de sabios personajes que prometían mucho en favor de lo positivo. Y desde la modernidad, hace unos siglos atrás, el poder es la atracción brutal de las mentes cavernarias de todas las ideologías. Por supuesto que el maquillaje perfecto es prometer cielo y tierra a las masas hambrientas, a las masas inconformes y a las masas que también quieren poder por el poder. La literatura oficial escribe loas al ejercicio del poder, teorías que nunca son ciertas. Dichas mentiras dibujan de manera realista lo que significa el poder: la experiencia nos enseña mucho al respecto. En estos siglos de modernidad hemos visto lo que es el poder: gulag comunistas, holocaustos en manos de las civilizaciones cultas y educadas, genocidios por doquier, e ignorantes y enfermos mentales sueltos por todo el mundo.

 

Pues la violencia y la amenaza son los insumos más avanzados de la política moderna. No se necesita estudiarlos científicamente, porque esos comportamientos ya fueron diseñados allá en las cavernas trogloditas, donde los ancestros humanos se mataban por un pedazo de carne políticamente. Hoy son esos mismos comportamientos, que los genes políticos privilegian a las ideas, al diálogo, al consenso de las sociedades. La enfermedad por el poder se ha diseminado como la pandemia, y hasta los más imbéciles creen que tienen vocación para el poder.

 

A finales del siglo XX se creía, con  la muerte y el fracaso del comunismo, que se vendrían tiempos más pacifistas y democráticos.  Nada de eso se ha cumplido. Todos los especialistas de las ciencias sociales y la política moderna han fracaso también en sus pronósticos. Al parecer hemos iniciado otro ciclo de mentalidades cavernarias en la política por todo el mundo. En todas las culturas se está justificando: el fin justifica los medios, es decir el todo vale para acercarse a las puertas del poder del infierno, que son los altares de los Estados modernos.

 

A nombre de la democracia, con todas las interpretaciones al antojo de quién quiera, todo lo antidemocrático es hoy justificado porque los contenidos de la democracia ya no existen. Se han vaciado en todas las reglas posibles, hasta quedar vacío como concepto de estas épocas oscurantistas, de violencia y amenaza como factores para hacer política.

 

Los jóvenes tienen la tarea inmediata de inventar otros conceptos de democracia, con los contenidos de no violencia y no amenaza cavernaria, en los funcionamientos de la política de su tiempo. La velocidad de la historia ha dejado y convertido en obsoletos los conceptos, los arquetipos, de la democracia de los siglos XX y XXI. En realidad de la modernidad. Y ante la ausencia de otros contenidos en la política actual, los ignorantes y cavernarios de la política moderna se están adueñando de las acciones de las sociedades por todo el mundo.

 

Las juventudes tienen que adueñarse de su tiempo. Los viejos esquemas se han muerto; pero siguen vivos porque sus actores son de mentalidades viejas, obsoletas, superadas por la historia. En unos casos de la guerra fría; y en otros desde tiempos remotos: cavernas trogloditas. Los jóvenes están dejando pasar su momento, porque simplemente le tienen miedo a los desafíos, a los pasos que deben dar para construir sus propios derroteros.

 

Las viejas ideologías de la modernidad ya no responden a las necesidades actuales, de las nuevas realidades del mundo. Esas repeticiones de iglesias ortodoxas, de verdades que nunca fueron, están matando otras maneras de ver el mundo. Están asfixiando otras formas de hacer política: menos cavernarias y trogloditas. Más humanas y holísticas. Eso lo saben las juventudes de todo el mundo. Pero no terminan de saltar al centro de la política, de las acciones políticas nuevas que tanto hacen falta por todo el mundo.

 

por: Max Murillo Mendoza 

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