OTRO 9 DE ABRIL YA SIN NOSTALGIAS

La única revolución que hizo Bolivia fue el del nueve de abril de 1952. Donde cambió todo el panorama político, económico, social, cultural e incluso ideológico del país. Las milicias armadas de mineros y campesinos, que derrotaron en las calles al ejército, arma en mano obligaron a los burócratas del MNR a que nacionalizasen la minería, a que otorguen la reforma agraria, el voto universal, la reforma educativa y otras medidas de trascendencia histórica en el país. En realidad fue la oportunidad de considerar la verdadera independencia del país. Sin embargo, estas trascendentales medidas revolucionarias, fueron traicionadas desde adentro por las burocracias movimientistas, sin identidad con este país, sin imaginarios de Estado, sin proyecto de Estado y Nación. Simplemente se postraron como siempre ante las potencias extranjeras, por el miedo del avance popular, campesino y de clases medias pobres de las ciudades.

 

Los revolucionarios obreros y campesinos de aquellas jornadas ya no existen, sino muy pocos que en su vejes miran sus sacrificios como vanos. Sacrificios que entregaron en aras de todo un país; pero que la historia no fue muy generosa con esta generación de revolucionarios. Nadie es profeta en su tierra. Aquellas jornadas que hoy se recuerdan como algún hecho más, del montón de recuerdos que la historia tradicional amontona en el pasado, para las aburridas y antipedagógicas horas cívicas del país.

 

Aquellas burocracias insanas y nada productivas del movimientismo, quiénes se adueñaron de las oficinas del nuevo Estado, de la COMIBOL, y de todas las nuevas empresas estatales boicotearon cotidianamente la revolución, pues como siempre el terror a las masas populares que se radicalizan ante los desafíos políticos, les provoca pánico y prefieren la comodidad de sus pegas y oficinas, aun no sean dueños de los destinos del país. Así, poco a poco, se postraron ante el poderoso del norte, por migajas económicas volvieron a vender los destinos del país, destruyendo la revolución que había costado miles de vidas y mucho coraje a las masas empobrecidas.

 

Las burocracias siguen intactas, sobreviven a los tiempos y a las coyunturas políticas. Devienen desde tiempos coloniales, se pertrecharon en la república y hoy siguen nomás vigentes, porque son las mismas clases sociales encargadas de las direcciones burocráticas. Muy poco han cambiado, muy poco se han modificado. Su lentitud y terrible desprecio por la velocidad desde siempre condena a la pobreza y postración al país profundo. Esa lentitud que es uno de los mecanismos para domesticar a nuestras poblaciones, para dominarlas y hacerlas funcionales al sistema burocrático.

 

La burocracia es el poder verdadero de las clases altas de este país, que se van transformando sólo en la descendencia de clase y casta. Su poder radica precisamente en la mantención del statu quo de quiénes realmente tienen el sartén por el mango. La excusa es la misma en todas las épocas: gente especializada. Pues especializada en la mantención del poder verdadero, del poder real de las clases altas y castas sociales. De la misma manera engañaron a los mineros y campesinos del 52, se presentaron como los especialistas en manejos de instituciones. Los resultados ya los sabemos: destruyeron la revolución, la volvieron a vender a los mejores postores del imperialismo

 

Muchos de aquellos burócratas de la revolución tenían los discursos más revolucionarios posibles, discursos comparables a los líderes de las revoluciones de Cuba y Rusia. Pero sólo son coartadas para seducir a las masas, para engañarlas y engatusarlas después. Víctor Paz, Lechín, Siles y tantos otros burócratas sólo querían el poder para disfrute de ellos, de sus círculos familiares y círculos de clase y casta. Porque después se los vio comiendo del mismo plato de los emperadores del norte. Traiciones tradicionales a lo largo de la historia mundial; en Bolivia muy frecuente y siempre a cargo de las mismas castas, herederas de la colonia y la república.

 

La revolución de 1952 no sobrevivió porque las masas obreras y campesinas, entregaron su esfuerzo y sacrificio a las mismas burocracias de siempre. Equivocación fatal que aún no aprendemos de la historia. La revolución de 1952 no sobrevivió a pesar de las masas en armas, por el complot monumental de las clases altas, temerosas desde siempre de las masas, clases altas sin destino y sin patria, sólo buscando comodidad y disfrute de los medios económicos. Experiencias que no se aprenden, ni siquiera con los varios ejemplos que se suceden a lo largo de nuestra historia.

 

En definitiva, la revolución del 52 no sobrevivió porque sus burocracias, siempre en manos de los mismos descendientes de la colonia, simplemente respondieron a lo que su historia les pedía. Porque no saben ni entienden del país en que se encuentran. Porque sus mentalidades siguen allende los mares, con nostalgias de sus gloriosas estirpes que desembarcaron en 1492, para hacerse la América y enriquecerse a costa de cualquier cosa, a costa de cualquier modo de saqueo y expoliación.

 

por: Max Murillo Mendoza 

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